200 años sin Jane Austen

 

En 1818, se publicaba por primera vez una obra en la que su autora, a propósito de un debate en el que sus protagonistas planteaban la cuestión de qué sexo era el poseedor de los sentimientos más duraderos en el tiempo, ponía en boca de sus personajes:
Él: …»Creo que no he abierto un libro en mi vida que no contenga algún pasaje sobre la inconstancia femenina. Las canciones y los proverbios hablan por igual de la veleidad de las mujeres. Pero tal vez, dirá usted, porque los han escrito hombres.«
Ella: «Tal vez, desde luego. Así que no me ponga ejemplos de libros. Los hombres han tenido toda clase de ventajas sobre nosotras a la hora de contar su historia. Su educación ha sido muy superior; la pluma ha estado siempre en sus manos. No acepto que los libros prueben nada.«

 

 

 

Probablemente, Jane Austen sabía muy bien de lo que hablaba. Había muerto 6 meses antes de que se publicase la novela que contenía estas palabras: Persuasión. Había escrito sus cuatro novelas anteriores bajo el pseudónimo “by a lady, tratando así de salvaguardar su reputación. Estaba acostumbrada: según habían convenido en casa, dejarían la puerta de entrada a la casa sin aceitar y ella escribiría con una cesta de labores siempre cerca. Cuando el rechinar de la puerta avisase de que alguien ajeno al núcleo familiar más inmediato se aproximaba, ella escondería la pluma y los papeles entre las telas y fingiría continuar con su labor…

 

La reputación, el papel de la mujer y cómo la consecución del enlace más conveniente a nivel social constituía su único modo de asegurarse una cómoda situación económica y solía convertirse en el objetivo principal de sus vidas… Austen, que escapó al común destino del matrimonio, analizaba las exigencias y alianzas sociales de la época a través de una crítica lente capaz de dilucidar que estos codiciados pactos impuestos por el decoro social, a menudo alejaban a sus protagonistas de la felicidad. Su pluma se recreaba componiendo personajes complejos y describe como pocos los pensamientos y sentimientos que guardan (que guardamos) al resguardo de juicios ajenos. Austen es, además, una maestra manteniendo el ritmo de la novela, sabe cómo engancharnos y hacernos partícipes de las dudas y sentimientos que embargan a sus protagonistas. Una vez dentro, no queremos parar de leer hasta que se desenreden los malentendidos, hasta que se produzca el deseado encuentro…

 

 

Ante la conmemoración del bicentenario de su temprano desenlace (Austen murió de tuberculosis a los 41 años), su país de origen -el Reino Unido- se rinde a ella editando billetes conmemorativos, multiplicando recreaciones históricas ambientadas en su época, celebrando una edición especial del festival en su honor que anualmente tiene lugar en Bath y organizando numerosas exposiciones en torno a una de sus escritoras más reconocidas internacionalmente.

 

Fue  Virginia Woolf en su libro Una habitación propia en el que reivindicó: «Resultaba extraño pensar que todas las grandes mujeres de la ficción, hasta que llegó Jane Austen, no solo habían sido vistas por el otro sexo, sino vistas en relación al otro sexo.» 

 

 

Yo, volviendo a la cita que encabezaba este artículo, propongo acercarse a ella y deleitarnos mientras le rendimos homenaje leyendo la que es considerada su novela más madura, la última que completó, la única cuya protagonista «ha pasado el florecer de la primera juventud» según los estándares de la época, aquella en la que la riqueza del pretendiente no es heredada sino ganada por su valor en la mar: Persuasión.

 

 

 

La edición publicada por Alba Editorial nos permite, además, leer el fragmento de la novela que Austen dejó inacabada al morir: Sanditon.