Beatrix Potter. Cuando la vida empieza en la segunda mitad

Mucho se ha escrito sobre la idealización de la juventud. A menudo se tiene la impresión de que quien no ha logrado su sueño antes de cumplir la treintena, ya llega tarde. Pero la historia está llena de casos que prueban que la vida está llena de sorpresas y que el éxito no entiende de edades. Para muestra, la historia de la que probablemente sea la escritora e ilustradora inglesa más reconocida a nivel internacional: Beatrix Potter (1866- 1943).

A Beatrix le gustaba dibujar. En sus diarios quedaba plasmada que una de sus actividades favoritas en la casa de campo durante las vacaciones de verano, era observar el comportamiento animal y hacer bocetos de cada planta o animal que encontraba. Total, su madre no la dejaba juntarse con otros niños por miedo a que les pegasen sus gérmenes. Por suerte, los animales no debían parecerle portadores de gémenes, y ella y su hermano tuvieron toda clase de mascotas: perros, ratones, murciélagos, búhos, ardillas, conejos…- .

 

Con el paso de los años, sus diarios -escritos desde los 14 a los 30 años en un código secreto para escapar del control materno- daban fe de cómo su afición por la pintura iba ganando terreno. Total, solo a su hermano se le permitía ir a la escuela. A ella no le quedaban muchas otras opciones para huir del opresivo ambiente familiar

 

En septiembre de 1893 cuando Noel Moore, el hijo de la que había sido su institutriz, se puso enfermo. Beatrix, enfermiza como había sido siempre, decidió amenizar el reposo obligado del niño escribiéndole una carta pero una vez ante la hoja de papel no supo qué contarAhí empezó todo. Con una carta ilustrada.
«Mi querido Noel, no sé qué escribirte, así que te contaré una historia sobre cuatro pequeños conejos cuyos nombres eran Flopsy, Mopsy, Cottontail y Peter.»
Pasaron 7 años y varias cartas ilustradas más, hasta que Beatrix decidió publicar un libro. Para ello, pidió a los Moore si podían prestarle las cartas que les había enviado. Una vez que completó la historia, no le fue fácil encontrar un editor interesado así queen 1901, resolvió autopublicarse y regalar la edición en Navidad entre sus conocidos. Tras su buena acogida, en 1902, Beatrix por fin consiguió que una editorial publicase su obra por primera vez.
Su éxito comercial fue tan abrumador desde un primer momento que al año siguiente ya había copias piratas en Estados Unidos. Beatrix comenzó a publicar un libro al año y no había niño que no conociese a su personaje Peter Rabbit.
Modesta, contaba que su secreto residía en haberse dirigido a un niño al contar la historia y atribuía el éxito al bajo precio de sus libros.
Pero, contrariamente a lo que se esperaba de una dama en la época victoriana, Beatrix no necesitaba de ningún hombre que la tutelase en el mundo de los negocios: desde un primer momento demostró ser extremadamente puntillosa controlando tanto la publicación de su obra como todos los aspectos relacionados con el merchandising, hasta el punto de comenzar a confeccionar ella misma los primeros peluches basados en sus ilustraciones.
Con el tiempo, la relación con uno de sus editores se fue haciendo más personal y se prometieron a espaldas de sus padres – que no lo consideraban «un buen partido» para ella-. Pero Norman Warne murió antes de que el enlace tuviera lugar.

Beatrix volvía a sumirse en la, para ella, poco ilusionante idea de un futuro cuidando de sus padres pero al menos ya gozaba de su anhelada independencia económica y, con sus ganancias, compró una granja a la que progresivamente fue añadiendo más hectáreas.

Los cuentos trajeron la granja y la granja, un marido: a los 47 años, Beatrix se prometió con William Heelis, el agente inmobiliario que la había aconsejado en sus adquisiciones, y dejó atrás aquella casa y aquella vida en Londres que tan poco le gustaba recordar.
Las labores en la granja fueron ganando terreno a su faceta como autora de libros infantiles y, pese a la insistencia de su editorial, en 1921, argumentando el enorme esfuerzo visual que ello le suponía, dejó de publicar.
Quizá fuese su vista, pero también es muy posible que ya no necesitase tanto refugiarse en historias imaginarias porque, gracias a ellas, había conseguido la vida en contacto con la naturaleza que siempre anheló…
Aprovechando el dinero que sus libros seguían generando y la herencia de sus padres, Beatrix se dedicó a ampliar los terrenos y granjas aledañas a la suya con el fin de donarlos al National Trust y preservar el entorno del Lake District lo más virgen posible.
La historia de Beatrix Potter ha sido protagonizada por Renée Zellweger, Ewan McGregor y Emily Watson en el cine pero merece la pena poder acercarse a su fuerte personalidad a través de los fragmentos de sus cartas y de todas las fotografías de sus álbumes familiares, ilustraciones, objetos personales y lugares importantes en su vida recogidas en el libro escrito por Sarah Gristwood con motivo del 150 aniversario de su nacimiento The story of Beatrix Potter.
Beatrix Potter, con sus libros traducidos a 35 idiomas, continua siendo la autora de libros infantiles más leída en la actualidad y su casa, Hill Top, gestionada por el National Trust como era su deseo, atrae a cientos de miles de visitantes al año.