Cazadores de plantas

 

En ocasiones, tenemos la impresión de que ya todo está descubierto y de que hablar de expediciones de naturalistas recorriendo el globo en busca de nuevas especies, nos traslada irrevocablemente al pasado pero, en contra de lo que pudiera parecer, el planeta aún está lleno de nuevas especies por descubrir: cada año se encuentran alrededor de 2000 nuevas variedades. A las expediciones tradicionales hay que añadir las excavaciones arqueológicas en busca de semillas de plantas ya extinguidas, algunas de las cuales pueden volver a recobrar vida.

Las primeras noticias que nos llegan de buscadores de plantas se remontan al antiguo Egipto, ya los jeroglíficos muestran unas incipientes expediciones en busca de ejemplares exóticos y, esa fe que les llevó a enterrar a los faraones rodeados de todo aquello que consideraban que pudiera serles útil, ha permitido que en sus tumbas se hayan preservado dátiles, bayas probablemente procedentes de Grecia, o las almendras que usaban en sus productos cosméticos…

 

Las pinturas rupestres ya representaban animales pero las plantas tuvieron que esperar hasta el Antiguo Egipto.

 

Desde entonces, cada vez que un imperio conquistaba tierras -desde Alejandro Magno al Imperio Romano, de los musulmanes a los británicos pasando por los españoles o los holandes- contaba con naturalistas con el objetivo de importar nuevas semillas entre los miembros de su expedición.

Solemos pensar en especias y vegetales que enriquecieron la alimentación (la patata, el tomate, la caña de azúcar, el té…) pero llegaron así de oriente el algodón y la seda, así se fueron completando los primeros compendios farmaceúticos y los jardines medicinales a partir de una recopilación de las propiedades curativas de las especies encontradas; y así se extendió toda una industria a partir de productos derivados del caucho.

 

Mapa histórico de las Islas de las Especies

Los jardines, que hasta el s. XVI se habían limitado a las especies locales, empezaron a incorporar flora procedente de otros parámetros del globo. Llegó un momento en el que el cultivo de flores pasó de ser un entretenimiento reservado a las clases privilegiadas a un pingüe negocio -la cotización de determinadas variedades de tulipanes llegó a superar el valor de casas de la época-.

 

   

En el siglo XVII, empezaron a implantarse jardines botánicos con fines educacionales. Para completarlos, numerosos expedicionarios partieron a tierras lejanas en busca de nuevas especies. ¿Imaginan las expediciones recolectando plantas a lo largo y ancho del globo: sus protagonistas, la complicada conservación de las plantas en el largo viaje de vuelta navegando desde su lugar de origen, curiosidades de los especímenes hallados, los tratados que restringían la entrada de potencias extranjeras a las recién descubiertas tierras y las compañías destinadas a comercializar los nuevos frutos pero también los intercambios entre jardines botánicos…?

Expedición en Colorado encabezada por Joseph Hooker, 1877

 

El libro The Plant Hunters nos relata, a través de breves capítulos bellamente ilustrados, un recorrido histórico hasta la actualidad de la mano de botánicos pioneros que, viajando alrededor del mundo, no solo cambiaron los paisajes o la cultura gastronómica, sino que descubrieron plantas capaces de curar enfermedades mortales hasta la fecha o cuyo comercio repercutió de forma decisiva en la industria y la economía global.

 

 

   

Hubo que esperar al s. XVIII para que apareciese el primer botánico que publicase un sistema de clasificación de las plantas. El autor fue Linnaeus y su sistema, basado en los órganos sexuales de las plantas, identificó hasta 24 veriedades. Su Species Plantarum está considerado el punto de partida de la nomenclatura botánica actual compuesta por dos palabras en latín que hacen referencia al género seguido de la especie y del nombre de su descubridor.

En el s. XIX, la llegada de Darwin puso en evidencia que, a lo largo de los siglos, la interrelación entre distintas especies ha repercutido significativamente en su desarrollo evolutivo.

 

 

Desde Alexander von Humboldt, fueron muchos los naturalistas que dieron la alerta del riesgo en que la acción humana estaba poniendo la supervivencia de diversas especies. A lo largo de las décadas de 1970 y 80, la concienciación acerca de la conservación fue una parte crucial del trabajo botánico. Una de las funciones principales de los jardines botánicos en la actualidad es preservar especies amenazadas por la desertificación, la traslación de especies invasoras que provocan la desparición de las locales o la deforestación en su ámbito natural. A mediados de los 90 se creó un banco de semillas global para prevenir su extinción.

 

El cambio climático y el efecto invernadero -sin el cual el planeta sería 33° más frío- suponen una seria amenaza para las especies que no soportan altas temperaturas y no pueden dispersar lejos sus semillas. Algunos científicos empiezan a teorizar sobre la posibilidad de colonizar Marte, ¿imaginais el Planeta Rojo teñido de verde?

Para eso, tendremos que esperar. Por lo pronto, seguro que The Plant Hunters no os decepcionará. Un poliédrico libro con una atractiva maquetación, muy rico en imágenes acertadamente seleccionadas para ilustrar cada época con reproducciones emblemáticas de ese período y con información destacada en recuadros que facilita su lectura.

Sin duda, contribuye a hacernos apreciar la belleza y utilidad de las plantas y la labor de los botánicos y los intrépidos pioneros que recorrieron el mundo para descubrírnoslas.