Circo Ronaldo. Otro circo es posible

Creo que podría contar con los dedos de una mano las veces que he ido al circo. A priori, me atraen de él más la estética y la bohemia que lo rodean que el espectáculo en sí… O eso creía hasta que Swing, de Circus Ronaldo, se ha cruzado en mi camino. 

Un espectáculo circense con malabaristas, equilibristas, acróbatas de esos que te dejan con la boca abierta haciendo bailar platos o aguantando sobre la barbilla el mobiliario del salón, trapecistas, magos… y, por supuesto, un clown con un talento natural irresistible.

Pero también, un espectáculo ambientado con la estética de un music hall de los años 40, cuyos artistas rompen la cuarta pared no solo durante su actuación -lo mismo te dan la bienvenida a la carpa o te sirven una copa en la pausa que diez minutos más tarde están cantando encima del escenario con todo el glamour que la época require-, una pincelada de claqué y, sobre todo, con una historia llena de humor que dota de personalidad a cada uno de los protagonistas y da continuidad a cada nueva demostración. Desde la tímida camarera que sueña con convertirse en trapecista y recibir el aplauso del público hasta el mago que sabe camelarse a todas, desde el torpe asistente que no sabe qué hacer para impresionar a la sensual cantante, hasta la equilibrista llena de inseguridades…

Imágenes: Ronald de Neve

Una combinación de circo tradicional, circo con el característico sello Ronaldo a medio camino del teatro y espectáculo de variedades; con el que los más jóvenes de esta familia circense apuestan por una vuelta a la carretera llevando su carpa por todos los rincones (el circo no entiende de idiomas) después de haber decidido parar esta forma de mover sus espectáculos durante una generación.

Fuimos a verlos coincidiendo con la celebración de un cumpleaños y salimos con la sensación de habernos quitado un buen puñado de años de encima con tantas risas, tantos nervios y emoción -cada vez que parecía que no conseguirían el más difícil todavía, que se caerían del trapecio o del alambre o que iba a romperse un plato-, tanto asombro a cada nuevo truco de magia, tantos instantes de belleza, tantas risas… ¿ya las había mencionado?

Cantaban los payasos eso de que «había una vez un circo que alegraba siempre el corazón… « Pues eso.