Clásicos que no caducan

Cuatro autores contemporáneos entre sí. Cuatro estilos genuinos de escritura. Cuatro clásicos imprescindibles de los que las editoriales Nórdica, Libros del Zorro Rojo y Sexto Piso se han hecho eco editando cuidadas versiones ilustradas de sus obras.

Herman Melville (Estados Unidos, 1819 – 1891), Mark Twain (Estados Unidos, 1835 – 1910), Machado de Assis (Brasil, 1839 – 1908) y Oscar Wilde (Irlanda, 1854 – Francia, 1900).

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE / Herman Melville + Javier Zabala

De Melville había leido Moby Dick guiada por las recomendaciones de varios de mis autores favoritos. A menudo recurro a este sistema cuando no sé qué leer -así llegué a Bryce Echenique a través de Sabina, a La vida instrucciones de uso a través de Bolaño, a Salinger a través del Johnny Deep de mi adoslescencia y al Bartleby de Melville a través del de Vila Matas…-.

Es un método que raramente me decepciona y esta vez volvió a estar a la altura. Leía y pensaba en la maestría de Melville para mantener al lector espectante desde la primera página y durante el transcurso de toda la lectura acerca de un personaje aparentemente gris, con una profesión gris y en un entorno gris salpicado por los rutinarios exabruptos de sus dos compañeros de oficina.

La desconcertante y enigmática forma de actuar de Bartleby -que educadamente se negaba a llevar a cabo casi cualquier tarea que se le encomendaba-, narrada a través de la voz del bondadoso e indulgente personaje que fue su jefe despierta ternura e indignación a partes iguales.

Como guinda de esta edición de Nórdica, se agradece la ambientación del Nueva York del siglo diecinueve a manos del reconocido ilustrador Javier Zabala y su recreación de los jugosos y peculiares personajes ideados por Melville en esta deliciosa e imprevisible historia corta.

LOS DIARIOS DE ADÁN Y EVA – Mark Twain + Francisco Meléndez

Mark Twain es una de mis debilidades: por el original punto de vista de sus historias, por el tono ligero que consigue que su lectura te atrape con facilidad y su sentido del humor presente en cada párrafo pero, tras esa aparente ligereza, siempre deja un trasfondo que te hace pensar.

Lo ha vuelto a conseguir con Los diarios de Adán y Eva, un libro cargado de humor que alterna fragmentos en los que cada uno de nuestros predecesores trata de interpretar su encuentro con las nuevas especies, los fenómenos naturales y sus experiencias en un paraíso a estrenar dejando patente su candor y su más que evidente diferente forma de percibir y concebir la realidad.

Más allá de sus impresiones acerca del exterior, la parte central de sus escritos están dedicados a descifrar las sensaciones que cada uno tiene hacia el otro y la relación que se establece entre ellos.

Una lectura oportuna para reflexionar con una sonrisa en este momento en que los roles de género están tan de actualidad.

MEMORIAS PÓSTUMAS DE BRÁS CUBAS – Machado de Assis + Mariana Río

No por ser Machado de Assis el menos conocido a nivel internacional entre los ilustres autores seleccionados, merece menos estar entre estas recomendaciones. Sumergirme en las honestas e irónicas memorias que este personaje de la sociedad brasileña postindependentista relata tras su muerte se ha convertido en una adictiva y amena lectura.

Considerada la primera novela realista brasileña, Machado de Assis publicó esta original obra por entregas en la Revista Brasieleira en 1880. Un año después, cobraba forma de libro conservando la brevedad de sus capítulos.

En él, Brás Cubas repasa la historia de su vida juzgando a la persona que fue sin ningún tipo de benevolencia, compartiendo con el lector las efemérides, los encuentros y reencuentros con las personas que le marcaron a lo largo su vida, las ambiciones políticas que heredó de las expectativas de su padre y que, al igual que en el amor, se le escaparon entre los dedos.

«Tal vez asombre al lector la franqueza con que expongo y realzo mi mediocridad; advierta que la franqueza es la primera virtud de un difunto. En la vida, el que dirán, la mirada de los otros, el contraste de los intereses, la lucha de las codicias nos obligan a esconder los trapos sucios, a disimular sus desgarrones y descosidos, a no confiar al mundo las revelaciones que se hacen a la conciencia; y lo mejor de esa obligación se produce cuando, a base de engañar a los demás acaba uno por engañarse a sí mismoPero en la muerte ¡qué diferencia!, ¡qué desahogo!, ¡qué libertad!… podemos confesar llanamente lo que fuimos y lo que dejamos de ser… porque ya no hay vecinos, ni amigos, ni enemigos… La mirada de los otros, esa mirada aguda y juzgadora, pierde su valor en cuanto pisamos el territorio de la muerte…».

La originalidad de la obra, no solo reside en este punto de vista sino que, estilísticamente, el protagonista hace continuos incisos en la narración con el fin de hacer al lector partícipe de sus divagaciones en cuanto a sus reflexiones vitales y literarias no dudando en dejar capítulos incompletos o compuestos únicamente de puntos suspensivos…

Las ilustraciones de la portuguesa Mariana Rio suponen un acertado contrapunto surrealista a la narración.

SALOMÉ – Oscar Wilde + Aubrey Beardsley

 
En esta ocasión, el ingenio del autor inglés reinterpreta de forma muy personal una historia bíblica: la de la hijastra del Rey Herodes que, acostumbrada a obtener todos sus deseos con sus armas de seducción, pide a su padrastro la cabeza de Jokaanan (Juan el Bautista) guiada por el despecho al no haber conseguido la rendición del profeta a sus encantos.
 
 
Escrita originalmente en francés en 1891, la transgresora versión relatada por Oscar Wilde de esta tragedia en la que el deseo y el rechazo actúan como cegadores motores de las acciones de sus principales protagonistas bloqueando su razón y llevándoles a ignorar las consecuencias de sus actos, supuso que la representación del texto fuera censurada.
 
Más allá de su libre interpretación de la historia bíblica, Wilde plantea cuestiones sobre la facilidad para creer en lo que no se ve, sobre dónde se encuentra Dios o como que «el Rey tiene un pescuezo como cualquier otro hombre«…
 
 
Las barreras para su representación no impidieron que tres años más tarde, en 1894, fuese publicada en Inglaterra acompañada por las exuberantes ilustraciones a una tinta de Aubrey Beardsley, que rescata esta cuidada edición de Libros del Zorro Rojo.
Pese a su temprana muerte a causa de tuberculosis a los 25 años, Beardsley destacó como uno de los ilustradores más innovadores y críticos de la sociedad victoriana. Su sinuoso estilo con reminiscencias del modernismo y de las estampas japonesas, posee un trazo muy estilizado y combina zonas extremadamente detalladas  con grandes superficies negras y blancas.
 
Una tragedia de un solo acto que nos permite disfrutar de las metáforas que este maestro de la pluma pone en boca de Salomé. Os dejo con una para abrir boca: «El silencio que habita en la foresta no es tan negro como tu cabello.»