Cortázar. El autor convertido en título

¡Che, pibe! ¿Podés avisar a tu papá?” – le preguntó el escritor Carlos Fuentes cuando Cortázar le abrió la puerta de su apartamento parisino. – “Pasá, Carlos, mi papá soy yo”-.
No era la primera vez que sus casi dos metros de altura, su delgadez y su cara barbilampiña confundían a los demás sobre su edad: ya en su Argentina de origen lo habían encarcelado durante unas protestas estudiantiles sin percatarse de que se trataba del profesor.

 

 

Cortázar, viajero empedernido que ya antes de los 4 años había vivido en Bruselas, Zúrich, Barcelona y Buenos Aires.
Cortázar, niño solitario; tan incansable lector y escritor desde la más tierna infancia, que un médico llegó a prohibirle la lectura durante un tiempo para que los rayos del sol le alcanzasen.
Cortázar a través de las notas manuscritas que impulsivamente añadía en sus libros a modo de comentarios al autor.
Cortázar, hombre para el que la fantasía y la realidad se entremezclaban tan fácilmente en la vida como en los libros.

 

 

Cortázar y el azar que confabuló que fuese su admiradísimo Borges quien enviase su primer cuento a imprenta.
Cortázar mitómano. Cortázar traductor.
Cortázar y su pasión por el jazz, que envuelve el ambiente y la cadencia de sus textos.
Cortázar y los momentos históricos que condicionaron su vida. Cortázar y su inquebrantable compromiso político. Cortázar, autoexilado.

 

 

Cortázar, la contranovela y cómo Rayuela se convirtió en una obra emblemática y sus personajes en modelos a imitar por sus lectores.
Cortázar y la generación del literario boom latinoamericano.
Cortázar, las mujeres de su vida y encuentros como el que inspiró el emblemático personaje de Maga.
Cortázar a través del humo de los perpetuos cigarrillos que visitaban su boca y de sus propias declaraciones en la entrevista que Joaquín Soler Serrano le hizo en 1977 para el programa ‘A fondo’, de TVE.

 

 

 

Cortázar al final

 

Cortázar a través de la caleidoscópica mirada del escritor Jesús Marchamalo y del dibujante Marc Torices en el cómic publicado por Nórdica en el que el que fuera autor se convierte hoy en título.

 

 

Viendo el compacto resultado final, resulta difícil imaginar cómo se gestó el trabajo a partir de un guión literario de 35 páginas sin indicaciones gráficas. Torices supo sacar partido de la libertad creativa de la que dispuso al traducirlo al lenguaje del cómic y, a lo largo de las 224 páginas que ocupa esta biografía ilustrada, su estilo se empapa de los estilos artísticos imperantes en cada década de ese fructífero s. XX. En palabras de Marchamalo, Torices “iba cambiando registros intuitivamente a la vez que Cortázar también avanzaba en su vida. El dibujo intenta ser coherente con su propia evolución”.

 

Un libro que seguro revelará nuevos detalles y anécdotas de la vida y los gustos del autor del imprescindible Rayuela para sus seguidores acérrimos, y, para los no iniciados, supondrá un interesante punto de partida.