Los inicios del cómic. ¿El patito feo del arte y la literatura?

En una época caracterizada por el masivo volumen de producción y consumo de imágenes, no es extraño el auge de la novela gráfica.

Buceamos a sus orígenes en un momento fascinante en la evolución de los medios impresos de la mano del estudio de Patricia Mainardi Another World. Nineteenth-Century Illustrated Print Culture. Las tecnologías de impresión se desarrollaban a gran velocidad con el fin de alcanzar nuevas audiencias y poder así expandir movimientos ideológicos u obtener mayores beneficios económicos; limagen, más rápida de consumir y con mayor capacidad para llegar al público iletrado, ganaba terreno a los textos, los temas épicos empezaban a ceder espacio a los temas cotodianos y, a cada nuevo avance, también el estilo de los artistas evolucionaba tratando de acercarse de una forma más eficaz a esos nuevos públicos…

Mainardi quería explorar los inicios del cómic pero no tardó en darse cuenta de que no podría tratarlo de manera aislada: los cómics formaban parte de un complejo engranaje en el que intervenían artistas que producían su obra en distintos medios simultáneamente -incluyendo a los abanderados del Romanticismo francés Delacroix y Gericault o del Neoclasicismo, como Jacques Louis David-.

 

El autor de La balsa de Medusa, Gericault, realizó obras gráficas como estos Boxeadores (1818)
El autor de El juramento de los Horacios, Jacques Louis David, representaba así al gobierno inglés

 

Another World. Nineteenth-Century Illustrated Print Culture ha acabado siendo «un libro sobre el desarrollo de un nuevo lenguaje gráfico: un dibujo con un lenguaje en ocasiones enfrentado al del arte establecido, que fue posible gracias a los avances de los medios de reproducción en papel».

 

Nosotros nos detenemos en el objeto de partida del estudio de Mainardi. ¿Se habían parado a pensar en el origen de la globalmente extendida denominación de «cómic»? Aprecia Mainardi, que es más acertada la denominación francesa “bande dessinée” porque no siempre hay una intención cómica en ellos -como sugiere el vocablo inglés-.

Este género ha sido injustamente menospreciado por los estudiosos de la historia del arte y de la literatura. Sin embargo, se trata de uno de los ejemplos más ampliamente difundidos de la cultura de la impresión visual en la era moderna. Una página o serie de páginas con múltiples marcos de imágenes que narran una historia original. Un medio híbrido, que combina arte y literatura.

 

 

El cómic es la forma de caricatura más popular en nuestros días pero la popularización de la caricatura llegó de la mano de la litografía. Estos retratos intencionadamente deformados pronto pasaron a ser el modo preferido de describir la vida moderna y a gustar a a todos los públicos.  No era poco mérito en una época en la que cada medio impreso tenía una audiencia muy bien definida:

– La prensa ilustrada surgió ideada por los reformistas sociales ingleses y franceses, como medio para mejorar el status de las clases trabajadoras. Junto a los cómics, era de fácil acceso para los artesanos y la pequeña burguesía, pero pronto interesó a las clases más educadas y en cuestión de décadas se extendió internacionalmente.

– La aristocracia y la alta burguesía eran quienes podían permitirse lujosos libros ilustrados.

– Las publicaciones populares se dirigían mayoritariamente a un público analfabeto o semi analfabeto. Sus imágenes portaban el gran peso del contenido.

 

Las composiciones de Gustave Doré en (Dis)pleasures of a Pleasure Trip (1850) siguen resultando tan rompedoras como la de cualquier novela gráfica que se pudiera publicar en la actualidad.

 

Es al suizo Rodolphe Töpffer (1799-1846) a quien se le acredita como creador de la tira cómica con la que él bautizó como «literatura en estampas» en Los amores del señor Vieux Bois (1827, pero publicada en 1837). Poco después de su publicación, ediciones piratas y autorizadas circularon por toda Europa y Estados Unidos.

Las convenciones visuales inventadas por los primeros artistas de cómic, en uso hasta nuestros días, han creado un lenguaje paralelo distinto de la pintura, la ilustración e incluso la caricatura. A mediados del siglo XIX, la mayoría de estas convenciones visuales habían sido inventadas por Töpffer y sus seguidores franceses.

Dibujos con total predominio de la línea y breves textos para contar historias del estilo de la novela picaresca.

 

 

Antes de mediados del siglo XIX, el resto de Europa y América ya tenían periódicos de gran formato, caricaturas, libros ilustrados y series impresas, pero, fuera de Suiza, solo Francia tenía una tradición viable de cómic. Los artistas franceses adoptaron el nuevo modo narrativo de Töpffer y completaron la transformación de la ilustración basada en la pintura al lenguaje de los cómics.

El caricaturista Cham, introdujo un dibujo volumétrico y sombreado, los inicios del lenguaje abstracto de los cómics modernos, varió la escala de los objetos para mostrar su importancia en la historia, combinó diferentes estilos de dibujo, amplió los temas incluyendo parodias de la literatura e incorporó la viñeta negra y la viñeta blanca. Su obra diseminó la convención visual en caricatura y cómic.

 

En 1854, apareció en Francia la más larga novela gráfica del siglo XIX: Dramática y Pintoresca Historia de la Santa Rusia en Caricatura, de Gustave Doré

 

 

La influencia de las bandas dibujadas de estas dos décadas se puede ver no sólo en la historia posterior del cómic, sino incluso en el cine temprano, otro nuevo medio que tuvo que lidiar con el reto de la narración visual secuencial.

Mainardi adoptó para su libro, Another World, el título de la visionaria novela gráfica de JJ Grandville (1844). Un nuevo mundo había nacido: el de la cultura impresa. Los temas, los retos a los que se enfrentaron los pioneros, las condiciones materiales, la prehistoria del cómic, la creación de un nuevo lenguaje, la llegada de la fotografía, la opinión que se tenía en la época acerca de estos nuevos medios surgidos con la intención de entretener, comentar, idealizar, educar, ridiculizar, promover, satirizar o abrir los ojos de un espectador moderno…

 

Imágenes de JJ Grandville

 

Un compendio de las publicaciones impresas durante el siglo XIX profusamente ilustrado con la interesante aportación de que la autora contextualiza las obras en el ambiente socio-político que se respiraba cuando éstas vieron la luz.