El verano de La Isla del Tesoro

Playas en islas desiertas o playas que bañan la orilla de un pueblecito costero. Piratas o compinche familiar. Motines o sospechas de traición. Búsqueda de tesoros, refugios y aventuras a escala pirata o a escala vacaciones de la infancia. Ritmo trepidante o sensación de poder detener el tiempo… Os proponemos dos libros muy diferentes, muy veraniegos y, eso sí, con un personaje en común. ¿Quién será el tal John Silver?

 

 

El verano de John Silver comienza con un cuento que nos sumerge en uno de esos interminables veranos de la infancia en la casa familiar de la editora de libros infantiles y autora Arianna Squilloni. A través de esta historia, Arianna nos hace partícipes de las zambullidas en el mar en busca de preciados tesoros en forma de orejas de mar, de los juegos junto a su admirado primo Pier, de las partidas de cartas jugando a perder, de esas reflexiones filosóficas infantiles llenas de lógica a las que los adultos a menudo seguimos sin saber dar respuesta, de la lectura de libros de piratas, de la construcción de refugios y de historias en un universo impenetrable para los adultos…

Un cuento lleno de detalles capaces de convertirnos en niños de nuevo y de trasladarnos a las que han pasado al recuerdo como las vacaciones perfectas de sus protagonistas en un pueblecito de la costa italiana.

 

El segundo cuento hace que todo cobre otra dimensión: los protagonistas han crecido. El recuerdo de aquel verano sigue presente a modo de el paraíso perdido al que se retorna cuando se intentan recordar los días en los que, con muy poco, fuimos los más felices. La nostalgia, las conversaciones pendientes, la complicidad añorada, escenas y objetos de aquellas vacaciones lejanas convertidos ahora en símbolos de una declaración de principios… «Una manera de habitar el mundo» en la que no queda lugar para una vida sin pasión, para una vida guiada por el deseo de acumular propiedades o en la que el afán por protegerse del sufrimiento que puedan causarnos los demás, nos excuse para vestir una careta. No, John Silver con toda su maña para ocultar sus avaras intenciones bajo su capacidad para embelesar a quien se le acercara, no tendrá lugar.

 

 

Ya lo dice la propia autora en la presentación: «Esta historia la cuento yo, una editora de libros para niños a la que a su vez le gusta que le cuenten historias, relatos a caballo entre la realidad y la magia… suelo hablar de lo que más me importa a través de historias«. Un pequeño libro de la colección Ligeras de Milrazones, ideal para viajar ligeros, recrearse en la infancia y reflexionar.

 

Pero ¿quién es John Silver?

John Silver era el pirata que temían los que no temían a nada. Robert Louis Stevenson ideó un carismático antagonista para La Isla del Tesoro. El autor alcanzó su objetivo de tal modo que el taimado pirata no solo era capaz de ganarse las simpatías de quien se cruzase en su camino, Stevenson logró el más difícil todavía consiguiendo que su personaje conquistase también al lector -pese a la información privilegiada de éste-.

 

 

Alguien que nunca me escuchó mencionar Los piratas del Caribe y probablemente sepa que lo más cercano que haya seguido sobre historias de corsarios sean las referencias que Pipi Calzaslargas hacía sobre su padre, al verme leyendo La Isla del Tesoro me preguntó si el libro sigue enganchando. Mi respuesta fue un rotundo sí. Tanto como para no querer parar de leer hasta no saber qué pasa en el siguiente capítulo y luego en el otro y en el que le sigue. Cierto es que fue el título del libro de Arianna Squilloni el que despertó mi interés pero es Stevenson quien se ha ganado mi fidelidad. El autor sabe cómo dejar cada final en un punto álgido en el que el protagonista nos adelanta que algo muy emocionante estaba por ocurrir… ¿Cómo cerrar el libro con ese dato? Lo mejor es que el siguiente capítulo cumplía con las expectativas generadas.

 

 

La edición de Libros del Zorro Rojo ilustrada por Ralph Steadman hace que los aventureros piratas revelen su lado más oscuro: el terror, la crueldad, los sangrientos enfrentamientos, las huellas que el alcohol, la vida en alta mar, la codicia y las rellertas han ido tatuando en las caras y cuerpos de estos sanguinarios personajes… Explicaba el propio ilustrador acerca de su aproximación a la novela en el prólogo de 1985: «No he buscado, pues, la honorabilidad en los rostros de los personajes: son tan malos o tan buenos como cualquiera que se encuentre atrapado en la alocada rebatiña del dinero mal ganado, y esto hace tanto mejor el relato de Robert Louis Stevenson y su forma de contarlo… La caza de tesoros es un negocio desesperado. «

 

 

Sin duda un negocio desesperado que, unido a las circunstancias de supervivencia que el escenario de un barco y una isla desierta imponen, constituyen unos ingredientes muy jugosos a la hora de idear una aventura en la que poner a prueba la valentía, los principios, la confianza, estrategias, traiciones y capacidad para zafarse de éstas de los personajes.

Ya lo dijo Jorge Luis Borges «Leer La Isla del Tesoro es una de las formas de la felicidad».