Escuelas bosque. Cuando el aula es la naturaleza

Una escuela sin muros, tan radical como pueda sonar e incluso más: ¿qué tal si les digo que las primeras experiencias surgieron en climas tan extremos como los escandinavos? 
Remontándonos a los ORÍGENES, es Friedrich Froebel (1782 – 1852), creador del término Kindergarten (cuya traducción del alemán es «jardín de infancia») quien ha pasado a la historia como el pionero en promulgar una educación que fomentase el contacto de los niños con la naturaleza para entender su lugar en el mundo.
Desde entonces, María Montessori (1870 – 1952) o Rudolf Steiner (1861 – 1925) otorgaron una gran importancia a la exploración del medio en sus modelos educativos.
Estas experiencias sentaron las bases de lo que hoy se conoce como Escuelas Bosque (Forest Schools). Todas ellas fueron aplicadas en la educación preescolar (menos reglada que la formación en cursos posteriores).
El precedente más reciente podemos encontrarlo en el inspirador viaje de unos educadores del Bridgwater College británico a Dinamarca a principios de la década de los noventa. Desde entonces, son muchos los colegios que siguen sumando las bondades de este método.
¿Cuáles son sus secretos?
– Este modelo pretende dar respuesta a la necesidad de que los niños tengan mayor actividad física que en las escuelas convencionales.
– Se anima a los niños a explorar su entorno a través de actividades que pueden ser iniciadas por un adulto y continuadas según la curiosidad de cada niño o directamente elegidas por los propios niños. De este modo, se ha comprobado que los niños formulan más preguntas y aumenta su interés.
– Gozar de una mayor libertad llegando a asumir riesgos calculados.
– Vistan a los niños adecuadamente: da igual que llueva, haga frío, haga calor o nieve; una de las premisas fundamentales de este método es que los niños experimentarán los cambios de estaciones a la intemperie.
Aprenderán a buscar refugio, labores de construcción, encender hogueras, clases en la naturaleza, crear nidos para los animales…
      
Su mayor éxito reside en:
– Fomentar las habilidades sociales de los niños a través del trabajo colaborativo.
– Respetar el ritmo de desarrollo de cada niño a partir de objetivos fácilmente adaptables a la medida de cada uno.
– Los niños crecen con una mayor autoestima y confianza en sí mismos.
– Se ha comprobado especialmente positivo entre niños que crecen en ambientes difíciles o para aquellos con dificultades de aprendizaje.
Son muchos los colegios que empiezan a dedicar espacios que hasta ahora se habían sido aparcamientos o zonas de columpios, a vegetación lo más silvestre posible con el objetivo de que los niños, a partir de los 3 años, puedan realizar actividades al aire libre un día a la semana.
Para quienes estén interesados en profundizar sobre este tipo de aprendizaje, recomiendo estos libros que abordan el tema desde diferentes perspectivas:

Destinado a todos aquellos que pretendan pasar más tiempo en la naturaleza con sus hijos o alumnos, la base de este libro consiste en ofrecer una gran variedad de actividades a practicar emulando las llevadas a cabo en las escuelas bosque.

Actividades fácilmente adaptables para niños en un rango de edad  comprendido entre prescolar y 12 años y con opciones que incluyen prácticas que pueden llevarse a cabo de manera individual o en grupo.

Sus autores no solo tienen en cuenta las oportunidades de descubrir e interactuar de manera distinta con lo que la madre tierra nos ofrece en cada estación y las condiciones atmosféricas predominantes en cada época del año, sino también cómo éstas determinan distintos niveles de actividad de los más jóvenes.

Su propuesta combina actividades más físicas, manualidades para momentos de calma y juegos que promueven la actividad social y la creación de un sentimiento de comunidad. 

Esquemas, textos breves y muy claros detallando los datos claves de cada actividad e ilustraciones a dos tintas hacen su lectura muy accessible e inspiradora.

The GMC Group nos propone un libro lleno de actividades para implementar al aire libre junto a niños de distintas edades.
Su planteamiento parte de la experiencia en la que sus autores decidieron vivir 5 meses en las montañas y bosques del oeste de Washington renunciando a las comodidades de la vida actual: aprendiendo a subsistir exclusivamente con lo que ellos fuesen capaces de recolectar, alumbrándose al abrigo de la hoguera que encendiesen con los medios que hayasen a mano, en el cobijo que ellos mismos se construyeran…
Tras esta inspiradora aventura, decidieron compartir los conocimientos que consideran básicos para ser autosuficiente en la naturaleza: los nudos, las formas de acampar o conseguir agua, las habilidades primitivas que hemos dejado de practicar, recetas de cocina con los alimentos recolectados y también un montón de juegos y manualidades a partir de los variados materiales que nos proporciona el medio.
Todo con un enfoque de respeto al medio ambiente, muchas imágenes, textos muy amenos, edades orientativas para cada actividad y pistas para adaptarlos a distintas edades y para realizar cada acción en condiciones seguras.
Destinado tanto a promotores de escuelas bosque o talleres como a padres ávidos de aventuras que inculquen el amor a la naturaleza a los más jóvenes.
Un convincente libro que trata de manera muy accesible temas acerca de:
– cómo se forja la autoestima de un niño y cómo ésta influye en su conducta y su capacidad de aprendizaje,
– cómo influye en el niño el comportamiento de los adultos que le rodean,
– cómo crear un aula en la naturaleza teniendo en cuenta todos los pros y los contras que surgen al aplicar este método en una fase inicial,
– cómo conseguir tiempo en el ya de por sí ajustado calendario escolar y cómo enseñar asignaturas como lengua, matemáticas, arte o ciencias en el entorno natural…
Además y fundamentalmente, nos acerca a la realidad de la aplicación práctica de este sistema incorporando una gran variedad de actividades y planes para distintas clases incluyendo sus objetivos, actividades, material necesario y criterios de evaluación, e ilustrando con numerosos casos prácticos experiencias positivas a partir de ejercicios fáciles de implementar en la naturaleza.
 
Como complemento ideal para acompañar a los niños en el paso de las estaciones y como recurso al alcance de todos, recomiendo El día de la naturaleza.
Comenzamos con el despertar de la tierra: es primavera y a la vuelta de cada doble página atendemos a las señales que esta estación nos envía en el bosque, la huerta, el jardín, el estanque o la calle que pisamos cada mañana. Seguro que a partir de su lectura prestamos más atención al comportamiento de animales y plantas en sus distintos hábitats durante las diferentes épocas del año.

La autora y jardinera Kay Maguire ha logrado un libro lleno de información interesante y muy accesible a través de sus detallados comentarios breves perfectamente intercalados con las ilustraciones de trazo sencillo de Danielle Kroll. Un gran acierto en la composición.

    

El tándem texto e ilustraciones, nos traslada las sensaciones de cada estación: las frutas y verduras que maduran en cada temporada, la selección de datos apegados a la vida silvestre que nos rodea, la paleta de colores de Kroll cambia sutilmente a través del libro para representar los cambios de clima y de luz… El conjunto nos contagia la curiosidad y el amor por la naturaleza.

  

Un precioso libro para mantener a mano y consultar durante años. Ideal para retomarlo al comienzo de cada nueva temporada y recordar así las sorprendentes transformaciones que ocurren a nuestro alrededor.