Fernando Pessoa: «Vivir no es necesario, lo necesario es crear»

«El público no persigue la verdad, exige que le presenten una mentira que le guste«.

«El espejo es un veneno para el alma humana».

Tras contundentes afirmaciones como éstas se encuentra la esencia del escritor portugués Fernando Pessoa.

Conocido por los múltiples heterónimos en los que supo desdoblarse al escribir y a través de los cuales probablemente logró evadirse de la aparente rutinaria vida de oficina que desarrolló toda su vida desde que en 1908 consiguiera un puesto como traductor de correspondencia comercial, en sus diarios confesaba «me ha gustado siempre ver mi rostro reflejado en el espejo, imaginar que es otra persona, superponerle rasgos femeninos, descubrir en ellos a mi amada… ¡Cuántas veces he rozado con los labios mis labios reflejados en el espejo!«…

De él sabemos que en esa oficina en la que pasó la mayor parte de su vida, conoció a los 31 años a Ofélia Queiroz, una joven de 19 con la que mantuvo la única relación amorosa que se le conoce al poeta.

Casi un año de relación y continua correspondencia epistolar en la que el portugués no logró desprenderse de sus alter ego, y siguió firmando algunas de sus cartas como Álvaro de Campos, pese a la poca simpatía que Ofelia sentía por éste.

 

El editor Pedro Corrêa do Lago consiguió en una subasta las cartas entre Pessoa y Ofelia.

El 25 de septiembre de 1929, haciendo caso omiso de la antipatía que Ofelia sentía hacia este personaje, le enviaba la siguiente carta bajo el pseudónimo de Álvaro de Campos:

 

Excma. señora D.ª Ophélia Queiroz

Un abyecto y miserable individuo llamado Fernando Pessoa, mi personal y querido amigo, me encargó comunicar a V. E. –considerando que el estado mental de él le impide comunicar cualquier cosa, incluso un guisante seco (ejemplo de obediencia y disciplina)– que a V.E. le está prohibido:
1. pesar menos gramos
2. comer poco
3. no dormir nada
4. tener fiebre
5. pensar en el susodicho individuo

Por mi parte, como íntimo y sincero amigo que soy del maleante de cuya comunicación me encargo, aconsejo a V.E. tomar la imagen mental que quizá se haya formado del individuo cuya cita está estropeando este papel razonablemente blanco, y echar esa imagen mental por el desagüe del fregadero, por ser materialmente imposible dar tal justo destino a esa entidad fingidamente humana, a quien por cierto le competería si hubiese justicia en el mundo.

Saluda a V.E.
Álvaro de Campos
Ingeniero naval

Poco antes de romper, el 29 de septiembre de 1929, Pessoa le escribe: 

«No puedo, por desgracia, abandonar la oficina donde trabajo (no puedo, claro está, porque no tengo rentas), pero sí puedo, reservando para la oficina dos días de la semana (miércoles y sábados), tener como míos y para mí los cinco días restantes (…) mi vida gira en torno a mi obra literaria – buena o mala, que sea, o podría ser. Todo lo demás en la vida tiene un interés secundario para mí: hay cosas que, por supuesto, estimaría tener, y otras que da igual vengan o no vengan. Es necesario que todos los que me tratan se convenzan de que estoy bien así, y que requerir de mí sentimientos, de hecho muy dignos, propios de un hombre ordinario y trivial, es como exigirme tener los ojos azules y el pelo rubio. Y tratarme como si fuera otra persona no es la mejor manera de conservar mi afecto. (…). Me gustas mucho -mucho- Ophelinha. Aprecio mucho -muchísimo- tu carácter y tus sentimientos. Si me caso, no me casaré más que contigo. La cuestión es saber si el matrimonio, el hogar (o como se le quiera llamar) son cosas compatibles con mi vida y pensamientos. Yo lo dudo. Por ahora, y en breve, quiero organizar esta vida mía de pensamiento y trabajo. Si no puedo organizarla, está claro que ni siquiera podría pensar en el matrimonio.»

 

«Ignoro cómo es el amor… Sólo conozco el sueño de amar…«. Anotaba en su diario consciente de su rol como espectador de la vida incapaz de involucrarse emcionalmente en ella.

Leer los Diarios Completos de Pessoa supone asomarse a la vida y pensamientos empapados de literatura de este singular personaje: a sus lecturas y escritos, a sus omnipresentes contradicciones, a su constante sensación de soledad paralela a la añoranza por encontrar un alma gemela, a sus paseos recorriendo emblemáticas calles de Lisboa , a sus reuniones familiares yuxtapuestas a su miedo a la locura, a su hipersensibilidad disfrazada de frialdad y a su autoexigencia…

 

 

Diarios que comienzan con la concisa enumeración de acciones acontecidas durante su día a día y acaban siendo los receptores de sus pensamientos y su concepción vital del Libro del Desasosiego.

Para completar este acercamiento al autor portugués, Hermida Editores ha tenido el acierto de tener en cuenta las pistas que dejó en los escritos de los personajes en que se desdoblaba e incluir poemas de Ricardo Reis, Alberto Caeiro y Álvaro Campos.

«Quien haya estado leyendo las páginas de este libro quizás haya llegado a la conclusión equivocada de que soy un soñador. Gran error: para ser un soñador me hace falta dinero». Juzguen ustedes mismos a partir de las páginas de su discurso vital…

Para abrir boca, les dejo con el proyecto Alexander Search en el que Salvador Sobral encarna a Benjamin Cymbra, heterónimo inglés de Fernando Pessoa, vistiéndose como lo haría el personaje mientras canta los poemas de Pessoa.