Helen Frankenthaler. La pintora que se saltó las reglas

«No hay reglas. Así es como nace el arte, como suceden los avances. Ir contra las reglas o ignorar las reglas. De eso es de lo que tratan los inventos.» Frankenthaler (Manhattan, 1928) sabía de lo que hablaba: en una época en la que la educación de una niña de clase alta estaba sometida a unas estrictas y cuadriculadas normas, ella apostó por dejar que su creatividad fluyera y le marcase el camino. Consiguió destacar como uno de los máximos exponentes del expresionismo abstracto.

Siempre contó con el apoyo de sus padres que, desde muy temprano, descubrieron y fomentaron el talento de su hija, pero no le fue fácil encontrar una escuela que apreciase su personal forma de abordar la pintura.

Una pintura que se convertió en refugio cuando a los 11 años perdió a su padre y a través de la que, a lo largo de las distintas etapas de su vida, logró recrear y sumergirse en los colores de aquellas felices vacaciones de verano de la infancia a las que siempre procuró retornar.

En el proceso, dos figuras clave reforzaron su camino hacia la experimentación alejándose del academicismo: su profesor, el modernista mexicano Rufino Tamayo, y Jackson Pollock, al que conoció a través de su amigo y crítico de arte Clement Greenberg.

Frankenthaler extendía lienzos de gran escala sin preparación previa (crudos) en el suelo, diluía mucho la pintura al óleo con trementina o queroseno cambiando su composición y otorgándole una cualidad más etérea que la acercaba a la acuarela, y dejaba que los movimientos corporales definieran el resultado final. «Los paisajes estaban en mis brazos mientras lo hice.» -contaba refiriéndose a la técnica conocida como soak stain.

«Uno debe saber cómo aprovecharse de los accidentes, cómo reconocerlos, cómo controlarlos, y debe encontrar modos de eliminarlos para que toda la superficie aparezca como nacida a la misma vez.»

Su pintura ya se exponía en la prestigiosa galería Tibor de Nagy cuando Frankenthaler se casó con el pintor Robert Motherwell. Ambos artistas procedentes de familias acaudaladas, fueron denominados como la “golden couple” durante los años que duró el matrimonio (1958-1971). Frankenthaler volvió a casarse una vez más con el banquero Stephen M. DuBrul, Jr. en 1994 y con él permaneció hasta su muerte en 2011.

Su estilo, reconocible por campos de color que son paisajes emocionales, ha tenido un importante impacto en el arte contemporáneo y se exhibe en los principales museos del mundo.

Abrams Books edita una biografía ilustrada dedicada a los más jóvenes de la casa y a los amantes de los libros ilustrados, a la que pertenecen las coloristas ilustraciones de Aimée Sicuro que acompañan este artículo.

Bajo el acertadísimo título DANCING THROUGH FIELDS OF COLOR, su autora, Elizabeth Brown, se centra en la evolución creativa de la artista dedicando un importante espacio a su infancia -con la que los lectores podrán sentirse identificados-, explicando su forma de trabajar y aquello que más le inspiraba.

Muy recomendable e inspirador para aquellos que disfruten pintando. Además, incluye una propuesta de actividad final para que pongan en práctica la técnica del soak stain.