John Muir. “Ir a las montañas es ir a casa”

No es raro toparse con alguna de sus citas en Instagram acompañando imágenes de bellos paisajes o reivindicando comportamientos ecologistas.

No es raro que se recurran a las palabras de John Muir porque este naturalista que ha pasado a la historia como fundador del primer grupo conservacionista en 1892, era, además, un virtuoso del lenguaje. Muir consigue trasladar su inconmesurable amor por la naturaleza a través de las ricas descripciones de lo que veían sus ojos, contagiar su hambre de aventuras y conocimiento del medio natural y sus diarios se han convertido en fuente de inspiración para los amantes de la vida salvaje hasta nuestros días.

 

 

John Muir nació en Dunbar, Escocia, en 1838, pero se trasladó a Estados Unidos junto a sus padres cuando tenía 11 años.
En plena Revolución Industrial, Muir se reveló como un premiado inventor. Pero no era éste el entorno en el que estaba destinado a pasar a la historia: cuando contaba 29 años, un accidente laboral le dañó la cornea y se vio obligado a permanecer recluido en casa durante 4 semanas por indicaciones médicas.
Fue durante este período de convalecencia cuando se detuvo a pensar en todos los lugares que le gustaría visitar y esta reflexión supuso una verdadera iluminación para él. Muir comenzó entonces una nueva vida dedicada a explorar la naturaleza. Sus pasos le llevaron a recorrer caminando más de 1800 kms. de Indianápolis a California en este cambio de rumbo vital.

 

“Las montañas me están llamando y yo debo ir”

 

Tras 15 años recorriendo los parajes más salvajes, estudiándolos y admirándolos, haciendo mediciones y anotando sus sensaciones y reflexiones ante cada nuevo descubrimiento; el peso de la soledad le hizo volver a replantearse su rumbo vital. Muir se enamoró de la pianista, hija de un reconocido horticultor, Louise Wanda Strentzel, y se dedicó a gestionar el rancho familiar.
Su continua añoranza de la vida en la naturaleza provocaron que, 9 años después de su matrimonio, Louise decidiera hacerse cargo del rancho y sus dos hijas mientras él volvía a Yosemite.
Si en su primera visita las maravillas del entorno le habían dejado sin respiración, el ansiado reencuentro con éste le produjo un sentimiento devastador al comprobar la deforestación y los múltiples cambios que el avance del hombre blanco habían ejercido en él. Comenzó entonces a publicar artículos concienciadores en prensa. Con ellos, logró un cambio en la apreciación de la naturaleza entre sus numerosos lectores, el inicio del movimiento conservacionista y la declaración de Yosemite como Parque Nacional.

 

    

 

En 1911, se publicó por primera. vez Mi primer verano en la Sierra, basado en los diarios y bocetos originales de Muir durante su estancia en las Sierras en 1869 cuando fue contratado para supervisar la transhumancia de un numerosísimo rebaño de ovejas.
Muir escribió un diario que comprendía  sus experiencias, observaciones, reflexiones y sensaciones desde su partida hacia las montañas en junio hasta su regreso al valle en septiembre. En sus páginas describía con reverencia la flora y la fauna de las montañas, sus visitas a Yosemite, los retos, el modo de vida de los pastores y los indios y el leve impacto que estos últimos habían ejercido en el medio durante años de vida en él mientras el hombre blanco lo arrasaba en poco tiempo…

 

       

 

Hermida Editores nos ofrece la oportunidad de saborear el libro más leido de este emblemático naturalista que demostró que la obra de un solo hombre puede contribuir a cambiar la visión de muchos.