Kveta Pacovská: «El álbum ilustrado es el primer museo que el niño descubre»

Kveta Pacovská (República Checa, 1928) había estudiado en el taller de Emil Filla y se graduó en la Academia de Artes, Arquitectura y Diseño de Praga. Trabajó como diseñadora gráfica y docente pero no es por ese motivo por el que en 1992 recibió el Premio Hans Christian Andersen.

Se inició en el mundo de la ilustración con la idea de compartir una actividad con sus hijos y fue en el desarrollo de esta actividad en el que su desbordante creatividad dio como resultado una obra inconfundible de vibrantes colores que nos transmiten su energía, formas geométricas que nos acercan al constructivismo ruso y collages.

Su constante exploración en pos de componer obras infantiles «que se lean con los cinco sentidos, como pequeños museos, obras de arte en papel», consigue expandir la imaginación de quienes se exponen a sus propuestas.

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Comenzó reinterpretando cuentos clásicos como la Cenicienta o Caperucita Roja.

La editorial Kókinos nos da la oportunidad de leer los textos originales de los Hermanos Grimm de la mano de las absolutamente rompedoras versiones gráficas de Pacovská, que son ya nuevos clásicos que nos obligan a redescubrir a sus personajes y a atrevernos a mirarlos a través de un prisma lleno de nuevas posiblidades creativas.

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Una vez logrado el reconocimiento, comenzó a crear sus propias historias. En 1991 creó uno de sus libros más conocidos: El pequeño rey de las flores. Una historia sencilla y muy primaveral con un pequeño rey amante de los tulipanes como protagonista, que le permitió jugar con los troquelados que tanto le gustan.

Al año siguiente, en 1992, le otorgaron el Premio Hans Christian Andersen, considerado como el premio Nobel de la literatura infantil.

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¡Dejemos que los más pequeños se introduzcan en este mundo de color, de formas sorprendentes y de números! Uno, cinco, muchos es un libro perfecto para aprender a contar y a escribir los números, para asociarlos a imágenes que se fijes en el imaginario de los más pequeños y les ayuden a identificar y reproducir cada grafismo.

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Para nuestra suerte, Kveta siguió experimentando: ¿qué pasaría si además de jugar con las formas y el color y los troqueles y además de hacer estas composiciones brillantes llenas de contrastes y con una factura artesanal que invita a tocar el papel, añado desplegables y pop ups? Entonces, se le ocurrió convidarnos a una merienda llena de personajes únicos y disfrutones.

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¡Sigamos jugando! Añadamos ahora los sonidos: las rimas, las onomatopeyas, textos en distintas direcciones y ventanas y ruletas para que seamos nosotros mismos los que probemos distintos colores. Gracias Kveta, ¡por ponérnoslo tan fácil para poder experimentar contigo!

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Kveta Pacovská, fiel a esa idea suya tan bien articulada de que el álbum ilustrado es el primer museo que el niño descubre, consigue a través de su obra, que los más pequeños se familiaricen con una forma de representación menos figurativa: a mi cabeza vienen el arte de Kandinsky, de Miró, de Mondrian, de Paul Klee, de Yayoi Kusama… y con el propio arte de abstracto de los niños. Sus ilustraciones «autorizan» la desbordante fantasía de los niños para reinterpretar el mundo y eso es un tesoro que deberíamos valorar y potenciar.

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A los 92 años sigue en activo: ahora su obra ha salido de los libros y se expone en los museos.