La agricultura como acto político

Todo es política.

Decidir convertirse en un joven agricultor de cultivos ecológicos en nuestros días se ha convertido también en un acto político.

Hasta hace poco tiempo, los agricultores iban transmitiendo sus conocimientos de generación en generación dentro de los miembros de una misma familia y pocos eran los que se planteaban si querían continuar ese camino (y si lo hubieran hecho, probablemente en muchos casos su elección les habría llevado a otra ocupación), pero vivimos un momento en el que son muchos los urbanitas que con prácticamente nula experiencia o conexión previa directa con el mundo rural, deciden cambiar su entorno, aparcar las expectativas profesionales para las que inicialmente fueron educados y adoptar una nueva forma de vida ligada a la naturaleza.

 

Nos contaba Gonzalo Palomo, veterinario consultor en sanidad animal y agricultura ecológica y promotor de BBBFarming, que el perfil de urbanitas que toma la decisión de migrar al medio rural suele responder a «gente con formación superior, en edad de crear familia (a veces viene el paquete conjunto) y hastiada de la vida en la ciudad. No es tan habitual la migración económica como pudiéramos pensar por el contexto actual.» 

 

Alguien que toma esta decisión de forma consciente y voluntaria, es alguien con la motivación necesaria para mejorar las cosas, para seguir formándose, para adaptarse a los cambios en el mercado y contribuir a promover una nueva cultura alimentaria.
Su opción se convierte así en un acto necesario para reformar nuestro sistema alimentario, para dar la oportunidad a más gente de poder acceder a alimentos saludables libres de tóxicos y para marcar la diferencia en nuestra calidad de vida.
Esta opción profesional y vital, supone también una incalculable aportación para revertir el cambio climático: menos herbicidas y pesticidas en nuestras tierras, en el agua que bebemos y el aire que respiramos, unidos a la reducción de los transportes resultado del fomento del consumo de la producción local, significarán una reducción de la polución.

Reflexionaba sobre el poder transformador de esta generación que ha optado por la «vuelta al campo» mientras leía las cartas que 36 reconocidos activistas, profesores, agricultores, chefs y escritores comprometidos con el desarrollo de un cultivo sostenible han dirigido a esta nueva generación de agricultores. Aparecen recopiladas en el libro Letters to a young farmer -on food, farming and our future-.

 

Hay cartas hablando de la «revolución verde» y de los cambios en este sector en las últimas décadas, hay cartas enumerando la variedad de conocimientos y tareas que necesita desplegar un buen agricultor, cartas dando muchos y muy variados consejos para hacer más viable este modelo de vida, hay cartas compartiendo experiencias propias y ajenas, cartas exponiendo movimientos y acciones en distintas partes del mundo y cartas promoviendo el trabajo en comunidad  y el aprendizaje de las generaciones anteriores. Hay una carta que cita a Gandhi: «Primero se ríen de ti. Luego luchan contra ti. Después ganas tú». Hay cartas que nos conciencian de la importancia de las repercusiones de esta opción vital a nivel global: cartas políticas.

 

 

 

Actúa de forma local, piensa de forma global. Todas nuestras acciones tienen un impacto en el medio ambiente, en nuestro presente y nuestro futuro.
Hablan los expertos de una constante y creciente tendencia entre los consumidores a apreciar los alimentos orgánicos y de origen local y animan a estos nuevos agricultores y granjeros a incorporar a sus tareas la inversión de tiempo en sus relaciones con sus consumidores, chefs y prescriptores: difundir tan didácticamente como sea necesario qué hacen y por qué lo hacen así.
Aprovechar la confianza que genera esa producción responsable y a pequeña escala y su capacidad de establacer un contacto más directo con el cliente frente a las prácticas de las grandes corporaciones que, por otro lado, día a día muestran un mayor interés por incorporar entre su oferta productos orgánicos.
Fomentar las visitas escolares para que los niños tomen contacto con su modo de trabajo: contribuir a que las nuevas generaciones crezcan valorando la aportación de este sector hacia un mundo más sostenible.
Promover el cambio desde abajo. También esto es política, ¿no les parece?