La Biblioteca Brautigan. ¿Adónde irán los libros que nunca se publicaron?

Estados Unidos – Canadá, desde 1.990 -o antes-

 

Víctor Manuel se preguntaba aquello de “adónde van los besos que no damos…”. Richard Brautigan, después de haber conocido un éxito abrumador con su segunda novela –La pesca de la trucha en América-, acabó preguntándose ¿adónde van los libros que nadie quiere publicar?. En su novela Aborto, el autor resolvió una solución digna para ellos rescatándolos de la papelera o del fuego. Al fin y al cabo ¿cuántas obras de arte han pasado desapercibidas en su tiempo para sobrevivir como obras maestras a la muerte de su autor?, ¿a cuántos autores no se les pasa por la cabeza la idea de que se han adelantado a su tiempo al recibir la callada por respuesta de cuantos editores leyeron su manusccrito?. Brautigan imaginó una biblioteca donde lectores sin prejuicios -y con estómago, por qué no decirlo- pudieran acceder a obras únicas que nunca llegaron a publicarse.

 

Lo mejor de la historia está por venir, porque esta biblioteca ficticia se hizo realidad gracias a un seguidor incondicional de Brautigan, pero ¿no sería mejor empezar por el principio?….

¿Quién era Richard Brautigan?

 

 

Brautigan fue un novelista convertido en icono de la “contracultura” norteamericana en la década de los 60 gracias a su segunda novela, «La pesca de la trucha en América» (1967).

Richard escribió esta obra con tintes ingenuos y estructura transgresora mientras acampaba con su familia en un bosque de Idaho.

Su pasado (hijo de una camarera y un obrero que los abandonó, su infancia de carencias y su paso por centros psiquiátricos) y su estrafalaria apariencia, hicieron el resto para que la juventud de la época no tardara en idolatrarlo.

 

Después de una década de éxitos, el admirado escritor cayó en el olvido y las cartas de editoriales rechazando sus siguientes novelas se acumulaban en su escritorio. Fue entonces cuando imaginó esta biblioteca dedicada a los esfuerzos de todos aquellos escritores que los editores no habían sabido apreciar y la compartió con el mundo en su novela The Abortion: An Historical Romance 1966. Era 1971. Trece años más tarde, en 1984, se pegó un tiro en la sien. Pasaron semanas hasta que se halló su cadáver en su casa frente al mar.

 

 

Seis años después de su muerte, en 1990, uno de sus seguidores, Todd Locwood, decidió hacer realidad la biblioteca que Brautigan había imaginado en su novela.

 

Las únicas condiciones para que un libro formase parte de ella, es que estuviera encuadernado y midiera menos de veintiocho centímetros de altura, para que cupiera en las estanterías. Igual daban la temática y calidad de su contenido, su interés comercial (o, más probablemente, la carencia de éste) o sus faltas ortográficas y gramaticales…

 

Locwood ideó un original sistema de clasificación que denominó «Sistema Mayonesa». Este sistema -que debía su nombre a las últimas palabras que aparecían en la novela más famosa de Brautigan– organiza los libros en secciones temáticas: «Amor», «Sentido de la vida», «Vida callejera», «Aventura», «Todo lo demás»…

Los sujeta libros en este espacio de lo absurdo no eran otros que botes de mayonesa vacíos.

 

 

Tras su estancia en la primera planta de la biblioteca de Fletcher, en Burlington (Vermont), esta peculiar biblioteca con 400 ejemplares manuscritos nunca publicados, ha encontrado un nuevo hogar en el Clark County Historical Museum de Vancouver, Washington.

Inevitable plantearse si, más allá de la curiosidad inicial, habrá muchos usuarios asiduos a estas páginas para minorías…