La buena educación emocional

Emociones. Ese gran tema y ese gran motor capaz de sacar lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros. Dice Jorge Bucay que no somos responsables de nuestras emociones pero sí de lo que hacemos con ellas y Jim Rohn, que las emociones necesitan ser tan educadas como el intelecto.

Cuento con la psicopedagoga y autora del blog Educación EmocionalIzaskun Valencia (IV) y con la psicóloga Ana Arroyo (AA), especializada en terapia cognitivo conductual y cofundadora del espacio Crecer con Emoción, para hablar sobre educación emocional, temperamento o los límites entre educar y reprimir…

 

 

 

¿En qué consiste una buena educación emocional?

AALas emociones están siempre presentes en nuestras vidas y sin embargo en muchas ocasiones vivimos sin tenerlas en cuenta. Cuando logramos tomar conciencia de la emoción que sentimos, somos capaces de ponerle nombre. Igual que cuando nos duele una parte del cuerpo buscamos identificar qué parte es o qué puede estar provocando el dolor, identificar una emoción facilita gestionar lo que esa emoción nos provoca.

 En nuestra sociedad estamos más abiertos a aceptar las emociones que consideramos positivas (alegría, ilusión, satisfacción…), y no tanto las que resultan más incómodas o desagradables (enfado, ira, tristeza…). Tendemos a decir a los niños «no llores», «no te enfades por esa tontería»… Queremos que eso que nos molesta desaparezca sin tener en cuenta qué ha pasado para que el niño se sienta de esa manera. A veces esto ocurre por nuestras propias emociones, como cuando estamos cansados, no nos sentimos capaces de manejar esa situación y nos enfadamos con el niño por confrontarnos con esos obstáculos…

IV: La educación emocional es una forma de entender y de atender. Es educar respetandovalidando las emociones de los niños en cada momento y ayudándoles a identificar y a gestionar las emociones. Es no ocultar nuestras propias emociones, si no darles opción a aprender de ellas. Es educar en el «vales mucho», en el «estoy aquí contigo», en el «sé que puedes hacerlo».

La educación emocional es vivir y enseñar a vivir en la felicidad y en lo positivo. Es dar las herramientas para sonreír y ser felices, aceptándonos. Es mostrarles el camino haciéndoles fuertes y seguros para que sepan levantarse si se han caído. Es educarles en el «puedes hacerlo«. Es caminar junto a ellos o detrás, pero no delante. Es dejarles elegir, dejarles equivocarse, dejarles asumir sus aciertos pero también sus errores, es no anticiparse.

La educación emocional pasa por escuchar, por abrazar, por nutrir, por jugar, por dedicarles tiempo y por saber que hay palabras que curan pero también que dañan y que hay alternativas sanas a los gritos, a la imposición, a las amenazas y a los castigos.

A nivel emocional, ¿en qué medida influye nuestro carácter innato?

IV: En realidad el carácter no es innato, si no adquirido. La parte genética, que es la que no se puede modificar, corresponde al temperamento. El carácter es una suma de las interacciones con las personas y el entorno. Es aprendido y modificable y, junto con el temperamento, dará lugar a la personalidad.

Un ejemplo gráfico sería elegir una semilla para plantar. La semilla sería el temperamento, la materia prima. El tipo de tierra, de abono, la cantidad de agua y los cuidados que se le den a la planta, serían el carácter. La combinación da lugar a una planta única.

En el caso de las personas, es lo mismo. La felicidad no la dan los genes, si no la forma de tratar. La diferencia está en entender que los genes tienen una parte importante en el resultado final pero que la mayor responsabilidad de cómo son los niños está en qué hacemos con ellos y en cómo lo hacemos. En qué les decimos y cómo lo decimos. En si nos centramos en lo asistencial o vamos más allá. En si criamos o educamos con educación emocional.

AA: Gracias a la educación en emociones, podemos ir modelando esa tendencia innata para modificar lo que detectemos que nos hace daño y nos impide avanzar y desarrollarnos como personas plenas. Como cada persona es única, también el modo de enfocar su vida y las estrategias que necesita son diferentes. 

 Cuando los niños son pequeños, es muy importante que los adultos observen qué pasa para que el niño se sienta así. A veces, tendemos a reconducirles desde lo que nosotros haríamos o creemos que es lo mejor para ellos sin tener en cuenta sus propias emociones. En ocasiones es complicado llegar a comprender qué es lo mejor para cada persona y por ello es importante atender a las necesidades empatizando con el otro.

Las personas con temperamento impulsivo tienen una mayor dificultad en el manejo de sus propias emociones al reaccionar sin control y siendo incapaces de parar y observar qué está sucediendo,  por el contrario, las personas más inhibidas temen mostrar y expresar qué es lo que sienten para pasar desapercibidos y así no enfrentarse a la situación.

Por tanto, es fundamental conocer nuestro carácter, ver qué parte de él nos ayuda a adaptarnos y sentirnos bien, y qué reacciones nos perjudican para tomar conciencia de ellas y cambiarlas. Esta parte es la más complicada. Es necesario un autoconocimiento y autocontrol que se puede lograr con más facilidad si se interviene desde pequeño.

 

  

 

Izaskun, ¿dónde está el límite entre respetar sus reacciones espontáneas o fomentar ciertas actitudes teniendo en cuenta la empatía con el otro o los buenos modales?

IV: Se puede respetar moldeando. Se debe moldear respetando. El problema es que aún hay personas que creen que fomentar ciertas actitudes como la empatía o los buenos modales es no respetar sus reacciones espontáneas. Cuando es precisamente al revés: te enseño porque te respeto. Te enseño porque te quiero. Te enseño porque me importas.

La diferencia está en cómo se enseña. Se puede enseñar respetando o sin respeto. Por ejemplo, un niño que se enfada y tira una silla al suelo para expresarlo, es un niño con una reacción espontánea. Se le puede reñir, castigar o incluso gritar pero no estaríamos ante una respuesta respetuosa.

La forma sana de gestionar la situación sería validando la rabia que ha sentido. Entender que ha sentido una emoción tan intensa que no ha sabido controlar la forma de expresarla. No ir tanto a la acción sino a lo que la ha provocado. De ese modo, el niño se sentirá entendido y respetado y cuando le expliquemos que tirar una silla no es una forma adecuada de expresar la ira y le demos una alternativa desde el diálogo y el entendimiento, estará receptivo al cambio. Entender es respetar. Tratar con cariño es respetar. Si le enseñamos respetando aprenderá a respetar.

Ana, entre las emociones que a menudo nos gustaría enseñar a gestionar de manera positiva está la frustración, ¿cómo podemos hacerlo?

AA: La frustración es una emoción muy potente que aparece desde que somos bebés. Surge en el momento en el que expresamos una necesidad y deseamos que sea satisfecha. Es una emoción necesaria, nos habla de nuestros límites y aceptarlos nos ayudará a adaptarnos,  de ahí la importancia de trabajarla desde una edad temprana.

Las situaciones que nos pueden generar frustración están muy presentes en nuestro día a día y cuanto antes entrenemos esta tolerancia, antes comenzaremos a vivir con un mayor grado de bienestar emocional.

Muchos niños son incapaces de avanzar en sus deberes porque no les sale como quieren, o montan una rabieta cada vez que les decimos que NO a sus peticiones. ¿Cómo les podemos ayudar?

El objetivo principal es hacerles llegar la importancia de vivir el proceso y no centrarse únicamente en el objetivo final. Esto, como casi todo en esta vida, es un aprendizaje y para ello es fundamental el apoyo de los adultos.

Muchas veces tendemos a evitar afrontarla con los niños en vez de hacerles ver que los errores nos sirven para aprender, que un error no implica una connotación negativa hacia la persona en cuestión, sino una oportunidad para hacerlo mejor en la siguiente ocasión. Ayudarles a vivirlo como un aprendizaje y no como un fracaso, ya que para ellos, los adultos somos su mundo de referencia y hay palabras que salen de nuestra boca que hacen daño sin querer.

Esto sucede también cuando decimos NO. Recibimos mal esta palabra, pero hay que ampliar su significado: NO no implica rechazo sino cuidado, protección. Evitar decir «no» por evitar la reacción de los niños (llorar, gritar) significaría dejar de dar ese cuidado.

 

Las recomendaciones de Mondobelo:

¿POR QUÉ LLORAMOS? / Fran Pintadera y Ana Sender

Si teneis niños cerca seguramente habreis observado cómo capta su atención que alguien llore a su alrededor. Me da a mí la impresión de que intentan comprender qué les pasa a ellos mismos cuando lloran…

¿Por qué lloramos? Fran Pintadera ha escrito un texto tan poético y sugerente para explicarlo que es más que probable que haga las delicias de los mayores a la par que la de los pequeños. Hay lágrimas de tristeza, de rabia, de incomprensión, de alegría o de necesidad de un abrazo; hay lágrimas que ayudan a descargar emociones, a liberar lo que no expresamos, a calmarnos… 

 
 
 

  

 

Las ilustraciones de Ana Sender aportan un aire naif y envuelven el poema de Pintadera con sus preciosas metáforas visuales.

Hay lágimas de emoción como la que yo sentí al leer la última página de este precioso álbum ilustrado. Ésa que precede a la guía de lectura sello de la Editorial Akiara en la que nos recuerda que afortunadamente las culturas cambian y ya no se estila eso de que «los hombres no lloran» porque todos lloramos: las lágrimas «nos riegan», nos hacen crecer y son señal de que estamos vivos.

¿Sabíais que la composición de una lágrima varía según sea de alegría o tristeza? Pues atentos al ejercicio que os propone esta guía de lectura a partir de este dato para continuar la diversión tras la lectura…

Definitivamente, uno de esos libros que a los adultos no nos importará leer y releer como a los pequeños les gusta que hagamos porque seguiremos descubriendo en él nuevos matices.

 

ABECEMOCIONES/ Susanna Isern y Marta Cabral

Destinado a que los más pequeños aprendan a identificar las emociones:

 

 

La escritora y psicóloga Susana Isern, con la excusa de 27 animales -cada uno de los cuales tiene un nombre que corresponde con una letra del abecedario-, recrea 27 situaciones. Cada una de ellas provoca una emoción determinada y, para que, además de entenderlas el niño sea capaz de identificarlas, Isern acompaña la historieta con una breve descripción de las características que nos ayudan a reconocer cada una de ellas.

Me cuenta Izaskun Valencia que hay un lenguaje no verbal en el mundo animal con el que los niños tienen la facilidad de conectar. «Utilizar los animales como protagonistas de los cuentos predispone a que el cuento guste, a que el niño se identifique con el personaje y que la ternura que siente le posibilite acercarse emocionalmente un poco más a la historia que se narra.»

Las ilustraciones de Marta Cabrol hacen el resto para despertar la empatía en los lectores.

Os avanzo el índice y un par de páginas dobles para que comprobeis la completa recopilación de emociones al hilo del abecedario: