Una librería con banda sonora

No todos tenemos una librería pero cada uno tiene la suya. Me explico: hay una librería por la que sentimos una debilidad especial, aquella ante la que no podemos resistirnos al pasar por su escaparate, aquella entre cuyos expositores y estanterías nos gusta perdernos, en la que nos dejamos sorprender y en la que contamos con un librero en cuyas recomendaciones y selección de libros confiamos casi a ciegas.

 

Florence Green no la tenía. Vivía en un pequeño pueblo costero inglés en el que los habitantes no echaban demasiado de menos contar con una. Pero Florence soñaba con dejar atrás su acomodada vida viviendo de la renta de viudedad y hacer algo por sí misma. Había decidido embarcarse en una aventura: abrir su propia librería en Hardborough.

 

Lejos de idealizar la vida rural, la autora de La Librería, Penelope Fitzgerald, recrea un ambiente en el que la mayoría de los habitantes se guían por argumentos que obedecen al poder de las influencias, a los juegos de intereses y a la escala social en lugar de por aquellos que dicta la razón.

Como nos recuerda el posfacio de esta edición especial de Impedimenta -escrito por el que fuera el yerno de la novelista- probablemente Fitzgerald recurrió a su propia experiencia cuando, acuciada por las necesidades económicas, tuvo que instalarse en un pequeño pueblo pesquero junto a sus tres hijos mientras su marido permanecía en Londres. Allí trabajó como asistente en una librería y tuvo oportunidad de vivir en sus carnes la veleidad del caracter de sus habitantes.

 

 

La iniciativa de Florence es acogida en el pueblo con una mezcla de recelo y de reticencia a que una mujer venga a cambiar lo que nunca cambiaba. De repente, ya había un plan mejor para la vieja casa abandonada en la que nadie había reparado hasta que la protagonista decide instalar allí su librería.

A medida que se avanza en la lectura, la humedad que invade el viejo edificio parece extenderse provocando una incómoda inquietud en el lector. Florence, resuelta a que los desánimos no logren malograr su plan, decide enfrentar con coraje las constantes zancadillas.

La pluma de Penelope Fitzgerald se recrea en agudas observaciones llenas de sarcasmo, en cruces de concisas cartas en las que la mediocridad queda en evidencia ante la resolución de la protagonista y en un puñado de personajes solitarios, al margen de las reglas establecidas que prevalecen en la localidad, entre los que se establecen unas relaciones tan peculiares como entrañables.

 

  

 

La directora Isabel Coixet, amante de los libros y de las historias pequeñas con alma, ha decidido llevar a la gran pantalla esta novela publicada por primera vez en 1978 -cuando su autora contaba con 62 años-. Dice Coixet que, de todos los personajes que ha llevado al cine, éste es con el que más se identifica.

Solo con ver la maravillosa recreación del ambiente de finales de los años 50 con la que ha contado en su película, el reparto y los fieles fragmentos de diálogos que nos avanza el trailer, ya merece la pena acercarse a los cines.

 

 

Ya sea con la novela en mano o disfrutando de la película en los cines, no se pierdan la banda sonora compuesta por Alfonso de Vilallonga e interpretada por Ala.Ni, nominada para los Goya este sábado.