Manual para sumergirse en la cultura japonesa

Descubrí Cuadernos japoneses gracias a la entusiasta e interesante recomendación de mi amiga Reyes Jones, que consiguió avivar mi ya de por sí viva curiosidad y atracción por la cultura japonesa; así que no se me ocurría mejor manera de extender el placer de su lectura que dejar en sus manos (y sus palabras) esta recomendación… 


 
 
 

Cuando leí el primer tomo, subtitulado «Un viaje por el imperio de los signos«, me pareció soberbio. Lo hice al regresar de mi viaje a Japón. Me lo había recomendado, antes de partir, un buen amigo, quien lo definió como «el mejor retrato que se ha hecho de ese país«. Lo primero que me llamó la atención, además de su apariencia de cuaderno de campo y sus bellísimas ilustraciones, fue lo bien que Igort había sabido reflejar -y transmitir- la identidad de este maravilloso país. Leer Cuadernos japoneses es sumergirse en la cultura japonesa.
 

Igort, un dibujante de cómics italiano que afirma «haber sido japonés en otra vida», no solo nos habla de mangas; también dedica capítulos al director Seijun Suzuki, al que tanto admira Tarantino; al genial Hokusai, quien realizó ese grabado -La gran ola- que me gusta tanto; a Yukio Mishima, ese escritor que prefirió hacerse el harakiri al comprobar que la occidentalización de su país era imparable; a… a tantos y tantos que es mejor que lo leáis vosotros. Tampoco falta la historia de Sada Abe, quien, a su vez, inspiró ese gran clásico de los años 70 con un título tan explícito cuando españolizamos el original japonés –Ai no Korida– que aquí terminó llamándose «El imperio de los sentidos».

Aunque, sin duda, mi capítulo favorito es el que dedica al crisantemo, esa flor que nosotros relacionamos con el Día de los Santos y que no tiene absolutamente nada que ver con el significado que adquiere en el País del Sol Naciente.

Esta tarde he leído el segundo volumen, y me ha gustado aún más que el anterior. Lo he hecho sentada en la terraza a la hora de la siesta, en completo silencio, contemplando sus ilustraciones y reflexionando los textos mientras miraba «mis» preciosas montañas. Sinceramente, y aunque suene cursi, ha sido una experiencia mágica.
 

            

 

A lo que iba, que me pierdo. Si en el primer volumen Igort se centraba en su experiencia en el mundo editorial japonés, en el presente tomo decide «perderse» en este maravilloso país y, entremezclando textos clásicos, contarnos su experiencia por medio de ilustraciones y profundas reflexiones. En esta ocasión viajaremos a los Alpes japoneses, Miyahima, Hiroshima -en un capítulo estremecedor-, Ise… Asimismo, de la mano del autor aprenderemos cómo se compone un haiku; pasearemos por el cementerio más grande de Japón; disfrutaremos de la Sakura -la floración de los cerezos-; nos bañaremos en un onsen como un japonés; entraremos en una casa tradicional y sabremos qué es el fenómeno «hikikomori«. Todo esto acompañado de unas fotografías e ilustraciones que son, sencillamente, maravillosas.

El subtítulo del segundo volumen -«El vagabundo del manga«- está dedicado a Jiro Taniguchi, maestro del manga japonés que dejó obras tan impresionantes como El almanaque de mi padre, Los guardianes del Louvre o el precioso -e imprescindible- cuaderno de viajes Venecia.

Tanto si habéis viajado al País del Sol Naciente como si no, Cuadernos japoneses debe encontrar un hueco en vuestra biblioteca. No es solo un libro, es una joya.

Un diez.