Moustache Cups: las tazas para los hipsters de la época victoriana

Contaba James Joyce en Ulysses que Leopold Bloom bebía su té en una «moustache cup» que su hija Milly le había regalado por su 27 cumpleaños. Después de la reciente moda en la que no había objeto -desde una camiseta a un chupete- que no fuésemos capaces de imaginar con un bigote dibujado, casi caemos en la tentación de confundir a Leopold Bloom con un hipster cualquiera bebiendo su té en una taza así…

 

 

Pero no, la historia de Leopold Bloom contada en Ulysses transcurre entre 1918 y 1920 y, para entonces, hablar de «moustache cups» hacía referencia a unas tazas diseñadas en la Inglaterra victoriana por el ceramista británico Harvey Adams.

 

 

En una época en la que los bigotes estaban tan de moda que los soldados incluso estaban obligados a llevarlos como símbolo de autoridad (1860-1916), el propósito de este nuevo diseño consistía en mantener los bigotes de los señores fuera del alcance del té o el café. No solo se trataba de mantenerlos secos, también de evitar que la cera que los caballeros se aplicaban para fijar y dar forma a su vello facial, se licuara al contacto con el vapor de los líquidos y gotease dentro de la taza.

 

 

El invento que Harvey Adams ideó a mediados del S. XIX, se extendió con rapidez, primero por el continente europeo y seguidamente por Estados Unidos, y las más prestigiosas fábricas de cerámica desde Meissen a la Royal Crown Derby o a Limoges desarrollaron su propia versión del diseño británico original.

 

Tras décadas de éxito, su decadencia y con ella, el descenso de su producción, tuvo lugar en los años 20 y 30.
En la actualidad se han convertido en un objeto muy perseguido por los coleccionistas.