Otra noche en la ópera

¿Recuerdan la escena de la ópera de Pretty Woman? Seguramente ha contribuido a que muchos nos acerquemos a este espectáculo sacudiendo algunos prejuicios.

La ópera es una experiencia emocionante que yo recomendaría a cualquier persona quien le conmueva la música. Por suerte, parece que los prejuicios que la rodean empiezan a quedar obsoletos:

Quienes piensan que la ópera es algo anticuado, sin duda se sorprenderían con los rompedores montajes concebidos por muchos directores contemporáneos. Gracias a ellos, disfrutamos de nuevas interpretaciones cuya puesta en escena acerca a la actualidad la versión original ofreciéndonos nuevas lecturas y asombrosos espectáculos visuales.

Quienes piensan que se trata de un espectáculo caro deberían comparar precios con las entradas para asistir a un partido de fútbol o a un concierto de algún reconocido artista. Descubrirían que existen distintas tarifas (las más baratas rondan unos accesibles 20 €). Una vez uno aprecia la intensidad de las voces y actuaciones de los cantantes protagonistas, la música de la orquesta en directo, el coro, la escenografía, la puesta en escena, la iluminación… probablemente esté dispuesto a pagar más por asistir.

Para quienes piensan que se trata de un espectáculo elitista, se sorprenderían de cómo ha ido evolucionando su público en los últimos años: no solo es mucho más variado en cuanto a estratos sociales, también reúne un amplio espectro de edad. De hecho, uno de los datos más optimistas para este género es cómo se ha rejuvenecido la edad media de los asistentes en Europa.

La ópera vuelve a unir Flandes y España de la mano de Verdi. Su obra Don Carlo -con el trasfondo de la situación en Flandes durante el reinado de Felipe II- inaugura la temporada operística en Amberes y Madrid. En el público se mezclan asistentes veinteañeros con octogenarios, brazos tatuados con perlas. 

En el patio de butacas, nos olvidamos de la edad o de lo que llevamos puesto y dejamos que las voces y la música que Verdi estrenó en 1867 en la ópera de París nos envuelva.

La representación de romances e intrigas palaciegas libremente inspirada en un episodio de nuestra historia nos mantiene atentos durante los cinco actos de la más larga de las 26 óperas que compuso el autor italiano. Cinco actos en los que tienen cabida el dilema entre los sentimientos y el deber político, una complicada relación paterno-filial llena de desconfianzas, el valor de la amistad o el ansia de libertad frente al poder opresor…

Sobre el escenario belga, olvídense de fieles reproducciones de estancias y vestuarios medievales. El director Johans Simons junto al artista visual Hans Op de Beeck presentan una composición minimalista con elementos recurrentes cargados de simbología.

La aportación fundamental de la diseñadora de vestuario Greta Goiris nos traslada a una sucesión de cuadros inspirados en la obra de Bruegel y El Bosco que dota de una gran belleza visual cada intervención en la que el coro es visible sobre las tablas.

Vuelvo al punto de partida. Dice el personaje de Richard Gere en la película a propósito de quienes se acercan a la ópera por primera vez: «La reacción de la gente la primera vez que ve una ópera es muy espectacular: les encanta o les horroriza. Si les encanta será para siempre, si no, pueden llegar a apreciarla, pero jamás les llegará al corazón.«

Si no han acudido ya, no lo dejen pasar, quizá se estén perdiendo algo que realmente les hace vibrar.

Fotografías: Annemie Augustijns. Don Carlos, OperaBallet Vlaanderen.