Vuelve Pina

 

Wim Wenders le dedicó un documental. Pina se estrenó el 2011 en el Festival de Berlín. Pina ya no estaba, se evaporó como el humo de esos perennes cigarrillos que recurrentemente visitaban su boca en la cinta del director alemán.

Almodóvar incluyó dos de sus citas-homenaje  –a Café Müller y a Masurka Fogo– en Hable con Ella. Decía que, como en esas piezas de Pina, las protagonistas de su película compartían con las bailarinas la vertiente suicida y la del amor a la vida.

Y Fellini la hizo princesa en Y la nave va.

 

 

¿Por qué Pina?. ¿Por qué el Café Müller?

Pina. Alemana. 1940-2009. Bailarina, coreógrafa, pionera en la danza contemporánea.

Junto al diseñador polaco Rolf Borzik, comenzó una andadura personal (vivieron juntos desde 1970) y profesional hacia la Danza Teatro. En ella, movimientos corporales, emociones, sonidos y escenografía forman un todo.

La coreografía para Los siete pecados capitales (1976), del compositor Kurt Weill, supuso la ruptura con las convenciones del ballet clásico, introduciendo su personal y reconocido método de ensayo: ella hace preguntas a sus bailarines y crea una coreografía basada en sus respuestas incluyendo textos hablados y música clásica y popular. Afirmaba la coreógrafa: «No me interesa tanto cómo se mueven sino qué les mueve».

1978 fue el año de Café Müllersu trabajo más conocido, ése que homenajea Hable con Ella. Sillas esparcidas por toda la escena y una coreografía que traslada una incontenible sensación de vacío y desamparo. Decía Pina que había que evitar “confundir sentimentalismo con no tener miedo de mostrar los sentimientos. Crear emociones no es lo mismo que explotarlas»

 

 

 

Pina abanderaba un nuevo lenguaje escénico cercano al surrealismo que carecía de argumento pero no de historia. Sus temas recurrentes: las relaciones de pareja, las normas, las debilidades humanas y la angustia existencial. Pina defendía una vuelta a la simplicidad, un cuerpo de baile más maduro de lo que estamos habituados a ver (sus bailarines solían permanecer durante décadas en la compañía), breves escenas de diálogo y acción y mezcla de disciplinas: la danza forma un todo junto al escenario y el vestuario. Sobre todo, Pina sabía cómo apelar al público a través de una danza canalizadora de emociones, sin tabús.

Rolf Borzik muere a los 35 años, era 1980. A él le dedicó 1980.

Fue en esta década de los ochenta, cuando Bausch proyectó su influencia sobre las generaciones más jóvenes de bailarines y artistas contemporáneos desde Robert Wilson, a William Forsythe o Maguy Marin.

 

¿Por qué Pina?. ¿Por qué el Café Müller?

Porque aquella niña que creció bailando al ritmo de la destrucción que todo lo invadía en la Alemania de posguerra, fue capaz de crear un lenguaje propio con el que transformar su angustia y malancolía en piezas de danza-teatro capaces de provocar una catarsis colectiva.

Desde entonces, sus coreografías experimentaron una notable evolución desde la desesperación hacia la serenidad.

 

 

¿Por qué ahora Pina?

Ahora, la coreógrafa belga-colombiana Annabelle López Ochoa recurre a la obra de su precedente alemana en su afán por dar respuesta a la cuestión de cómo podría actuar ella como artista para «denunciar lo que está sucediendo en Europa: cómo nos ocultamos tras del término ‘migrante’ para ignorar la crisis de refugiados…. Si los Estados no toleran los derechos y libertades de otros ciudadanos, los artistas debemos dar la medida de estos indicadores de la democracia

 

Bajo el título «Hope«, Annabelle  recopila tres piezas que reflejan la desesperación humana. Una oportunidad perfecta para presenciar el emblemático Café Müller, de Pina Bausch, junto a la maravillosa Chronicle, creada en 1936 por la coreógrafa Martha Graham a la sombra del fascismo, la guerra civil española y la crisis de los años 30 y una poética pieza de creación propia, Ecdysis, que nos traslada a un viaje en pos de la tierra prometida -o quién sabe si solo en pos de alejarse del infierno- a lomos de las agitadas olas del mar.

A través del recorrrido por las distintas piezas, el cuerpo de danza del Ballet Vlaanderen demuestra que el ballet clásico y la danza contemporánea pueden ser igualmente emocionantes.

 

 

Pese a todo, como el título elegido por López Ochoa nos recuerda, hay ESPERANZA.

 

 

«Hope» podrá verse  hasta el próximo 4 de junio en Amberes. www.operaballet.be 

La emoción está garantizada.