Villa Diodati: ¿serán las casas que habitamos responsables de lo que soñamos?

 

Todo comenzó con una reunión de cinco personas el que fue llamado «el año sin verano«. Cinco extraños «cargados con cinco pesadas sombras«. Se encontraban junto al lago Lemán, frente a los alpes suizos. Les resultarán muy familiares los nombres de algunos de los allí presentes: Mary Wollstonecraft Shelley (autora de Frankenstein), Percy Bysshe Shelley (escritor romántico y activista político), Lord Byron (poeta inglés representante por antonomasia del romanticismo), John William Polidori (médico, asistente personal de Byron y escritor inglés, creador del arquetipo del vampiro romántico) y Claire Clairmont (hermanastra de Mary Shelley, madre de la hija de Lord Byron y gran admiradora de la poesía de moda).

 

 

Lord Byron fue quien se sintió atraido por aquel palacio suizo abandonado que había sido construido por uno de los descendientes del primer traductor de la Biblia al italiano y había albergado a escritores y pensadores de la talla de John Milton, Voltaire o Rousseau. El resto, lo provocaron un trastorno climático consecuencia de la erupción del volcán Tambora en Indonesia, que les obligó a permanecer confinados en la villa; sus lecturas y conversaciones, las intensas y tormentosas relaciones que surgieron entre ellos (de la que da fe su correspondencia) y el consumo de vino y opio durante su estancia en este ya literario lugar.

 

Mary Shelley lo contaba en el prólogo de la segunda edición de su libro Frankenstein en 1831: “El verano resultó húmedo y riguroso, y la incesante lluvia nos confinó a menudo durante días. En nuestras manos cayeron algunos volúmenes de relatos de fantasmas traducidos del alemán al francés. Entre ellos estaba la Historia del amante inconstante (…) No he vuelto a ver esos relatos desde entonces, pero tengo sus peripecias tan frescas en la memoria como si las hubiese leído ayer.

-Vamos a escribir cada uno un relato de fantasmas -dijo Lord Byron- y aceptamos su proposición”.

 

 

Coincidiendo con el 200 aniversario de la publicación de Frankenstein, la editorial Avenauta publica este álbum ilustrado en el que Ana Sender ha acertado de lleno al poner la vista en aquella fructífera reunión que ha pasado a la historia de la literatura por la creación de dos de los iconos más reconocibles del terror: Villa Diodati fue testigo de la gestación de Frankenstein y del vampiro (además de la de Allegra, la hija de Lord Byron con Claire Clairmont).

Todo surgió en aquel verano de 1816 entre conversaciones acerca de los avances médicos y eléctricos de la época y cuentos de fantasmas.

La carta de Claire rendida a la invitación de Lord Byron de pasar el verano en Suiza y avisando de que viajará junto a su hermana y la pareja de ésta y los retratos de los que allí se dieron cita acompañados de una breve nota biográfica sirven para situarnos en la escena.

 

 

Sender ha escogido como elemento central de su narración un ambiente onírico inspirado por cómo Frankenstein fue fruto de un sueño de Mary Shelley. -Puede que esta elección no sea de extrañar si tenemos en cuenta que la autora ya dedicó un libro de pequeñas historias ilustradas (Onironiro) y un blog a recopilar parte de los sueños que cada día al despertar escribía o dibujaba-.

¿Qué ocurría en la cabeza de cada uno de aquellos ilustres invitados cuando se iban a dormir tras un intenso día juntos?, ¿definirán las casas que habitamos lo que soñamos de alguna manera?…

 

 

La autora recrea con sus poéticos textos, su grafito en polvo y su goma de borrar el ambiente lúgubre y cargante, los paisajes que se prestan al misterio y las estancias y reuniones capaces de crear un clima propenso al desvelo y la ensoñación que fueron responsables de la creación de estas dos criaturas que forman ya parte del imaginario colectivo.

¿Alguien más se apunta a esta envolvente celebración del centenario cumpleaños?