Virginia antes de Virginia Woolf

Un 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf (nacida en 1882) se despedía de su marido, Leonard Woolf, escribiendo una carta:

“Querido:

Estoy segura de que estoy enloqueciendo de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. No creo poder recuperarme esta vez. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido lo mejor que nadie puede ser en todos los aspectos. No hay otras dos personas que puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V”.

 

Es probable que escribir esta carta fuera lo último que hiciera antes de sumergirse en el río Ouse con los bolsillos cargados de piedras.

Son muchos los escritores que confiesan escribir por necesidad. Virginia no solo dedicó gran parte de su vida a escribir y corregir sus novelas de manera casi compulsiva, sus impresiones y sentimientos quedaron registrados en sus diarios y ahora Nórdica Libros nos da la oportunidad de acceder a dos textos inéditos en España hasta la fecha: su primera novela. La prueba de que el papel y la pluma la acompañaron desde su infancia más temprana: la autora tenía 10 y 13 años cuando escribió estos relatos.

Corría el verano de 1892 cuando, junto a su hermano Julian, Virginia se dispuso a escribir una historia para el periódico Hyde Park Gate News, que había co-fundado con sus hermanos para relatar las noticias familiares.

 

Surgió entonces “Las aventuras agrícolas de un cockney”, una historia, en tono de humor, que narra las desventuras de una joven pareja del East End londinense que decide comprar una granja y abandonar la ciudad. Su más que patente inexperiencia en la vida rural se convierte en la perfecta excusa para relatar sus anécdotas como granjeros novicios y reflejar su relación de pareja.

 

Tres años más tarde, Virginia retomó a los personajes, ahora recién convertidos en padres. Bajo el título ‘Las aventuras de un padre de familia’, recuperó el tono irónico del texto anterior para retratar a un inepto padre primerizo cuya despreocupación e inconsciencia le hacen capaz de olvidar a su hijo colgado de un árbol sin más remordimiento que el temor a la bronca de su mujer…

 

Ambas historias, recopiladas en un mismo volumen, nos muestran una Virginia Woolf más liviana pero con una gran riqueza de vocabulario y con una asombrosa capacidad para desvestir la vida rural, la paternidad o la vida de pareja de la idealización con la que suelen asociarse en la infancia.

Un libro de pequeño formato bellamente editado gracias a las preciosas ilustraciones de Maite Gurrutxaga, que se presta a distintos niveles de lectura en manos de grandes o pequeños.

 

 

 

EXTRA: La adaptación de su obra Una habitación propia al teatro podrá verse en el Teatro Español de Madrid entre el 27 de abril y el 21 de mayo como parte de la adhesión de este teatro a la iniciativa “Carta de la Temporada Igualdad Mujer/Hombre en las Artes Escénicas”.