Yo era Pippi

Se cumplen 75 años desde que Astrid Lindgren compartiera con el mundo ese indomable personaje que había creado para su hija Karin. Pero Pippi Langstrump, esa pizpireta niña de trenzas pelirrojas que tanto nos ha hecho fantasear, sigue siendo una niña -la más forzuda de todas- y yo lo celebro leyendo una edición que compila las tres historias que le dedicó su autora – Pippi Langkous, Pippi Langkous gaat aan boord y Pippi Langkous in Taka-Tukaland-, además de la historia tras esta historia.

 

 

Todo empezó cuando Karin, la hija de Astrid, le pidió que le contase la historia de una niña llamada Pippi Calzaslargas antes de irse a dormir. Karin se entusiasmó tanto con las inesperadas ocurrencias y aventuras de esta criatura que cada noche pedía nuevos capítulos a su madre. Se acercaba en décimo cumpleaños de Karin y a su madre se le ocurrió mecanografiar la historia para regalársela… Después sacó la historia a pasear hasta que una editorial se decidió a publicarla. El resto es historia.

 

Creía que sería una lectura infantil y lo es, pero resulta que, en esta época de incertidumbre, estoy deseando encontrar un ratito para desconectar y reírme con el fantástico surrealismo de esta resuelta y nada convencional niña de imaginación desbordante a la que casi todo le parece factible. Si mi hija me encuentra (no suele tardar en hacerlo), la acurruco en el regazo y sigo leyendo en voz alta. Veo que Pippi ha conseguido otra fan: ya la he pillado un par de veces ojeando las abundantes y expresivas ilustraciones de Carl Hollander

 

 

 

 

Me parece un libro ideal para que los niños que ya saben leer den el salto desde los cuentos a los libros con más texto. Es una lectura fresca, fácil y muy divertida.

Por no mencionar que se trata de un antídoto infalible contra aquello de «me aburro«. Pippi es una inagotable fuente de inspiración para crear juegos de la nada: desde dedicarse a ser «buscador de objetos» hasta ver quién dura más desplazándose por una habitación sin pisar el suelo…

Además, para quienes -como yo- piensen que compartir lecturas es una forma muy enriquecedora de conectar con los hijos, Pippi es una compañera ideal para debatir sobre las normas y la anarquía, sobre la imaginación y las mentiras, sobre la libertad e independencia, sobre cómo la amistad entre diferentes enriquece a ambas partes: Tommy y Annika suponen una toma de contacto con la realidad para Pippi y ésta, un parque de atracciones repleto de sorpresas para Tommy y Annika…

Pero, sobre todo, Pippi es una lectura para reírnos, para encender la mecha de la imaginación y fantasear con qué haríamos nosotros en Villa Kakelbont.