Retorno a los cuentos tradicionales

Decía Einstein: “Si quieres que tus hijos sean inteligentes, lée­les cuen­tos de hadas. Si quieres que sean más inteligentes, lée­les más cuen­tos de hadas.»

Recurro a la pedagogía Waldorf* para entender los beneficios que los cuentos de hadas clásicos aportan al desarrollo de los niños.

Esta pedagogía defiende que los niños en su primera infancia aprenden mediante la imitación y, por lo tanto, hay que ofrecerles ejemplos de vida. En estos relatos, se funden la moral y el conocimiento y los conflictos se resuelven a través de un camino luminoso.

Contaba Dickens que estas historias “posibilitan la transformación y el crecimiento interior del hombre” y es que, ya sea leyéndolos o escuchándolos, los niños no dudarán en identificarse con el protagonista capaz de vencer el mal a través de buenas acciones. Posteriormente, no será difícil que, a modo de inspiración, tengan presentes las conclusiones derivadas de su lectura en determinados avatares de su propia vida.

A diferencia de conocer estas populares historias a través del cine, acceder a ellas a través de la lectura fomenta la imaginación del lector, hace que aumente su vocabulario, su empatía y su capacidad de concentración. 

Si añadimos a esto que esos cuentos populares que forman ya parte de nuestro acervo cultural, a menudo recurren a rimas y cancioncillas transmitidas de generación en generación que enriquecen el cuento a la par que su ritmo consigue captar la atención de los niños, fomentar su participación en el relato y el aprendizaje mediante la repetición al recitar esas partes rimadas, parece claro que, independientemente de que en algunos de ellos aparezcan princesas rescatadas por príncipes, estos cuentos continúan teniendo mucho que aportarnos. –

 

 

Alma Editorial compila dentro de su colección Clásicos Ilustrados, una extensa edición de los cuentos que los Hermanos Grimm recopilaron de la tradición oral entre 1812 y 1857.

351 páginas de literatura no exclusivamente infantil -de hecho originariamente fueron creadas pensando en un público adulto y la crueldad de algunas de sus escenas y personajes dan fe de ello. No en vano, tradicionalmente a través de estas historias se ha alertado de una forma más o menos metafórica acerca de los peligros del mundo-.

46 cuentos para sorprendernos con las diferencias entre los cuentos originales y las archiconocidas y edulcoradas versiones de Disney, recordar aquellos relatos que nos contaban nuestros abuelos y descubrir por primera vez el desenlace de muchas historias que aún nos serán desconocidas.

 

      

 

Las ricas ilustraciones a una tinta del alemán Otto Ubbelohde (1867 – 1922) acaban de trasladarnos una ambientación clásica muy acorde con los textos. Esta estética  junto a textos más extensos y un vocabulario más complejo que en las simplificadas versiones destinadas a un público infantil, acercan a un público adulto a estas imperecederas historias.

 

 

 

*Recurrí al blog De mi casa al mundo para elaborar este artículo

Para quienes deseen recurrir a la pedagogía Waldorf como guía para saber a qué edad introducir cada uno de estos cuentos, este enlace.