Yo no fui a la escuela

«Existen tantas maneras de aprender como individuos«.  André Stern

Al principio fue Arno Stern y este libro escrito por su hijo no existiría de no haber sido por la decisión que el creador del emblemático Closlieu* y su pareja, Michéle Stern, tomaron de que sus hijos no fueran a la escuela (ni en una institución ni en casa).

*El Closlieu es un espacio donde personas de diferentes edades juegan a pintar libremente, sin juicios, inhibiciones o competición.

 

 
André Stern nos habla de una forma de crianza basada en la absoluta confianza y el respeto a la individualidad de cada niñ@.
 
Frente a la unificación e imposición de contenidos del sistema escolar, André fue el  artífice de su propia educación sumergiéndose profundamente en distintos temas de su interés a lo largo de las distintas etapas de su crecimiento: la magia, la mecánica, la fotografía, los trenes y los coches, Proust, la guitarra… 
Cierto es que sus padres apoyaron cada una de estas fases exponiéndolo a exposiciones, conciertos y espectáculos, poniendo a su alcance herramientas de calidad, remesas de libros que llegaban asiduamente a casa, clases de danza y profesores que le ayudasen a profundizar en esas materias sin tratarle de manera infantil…

 

André se jacta de no haber necesitado jamás mostrar un currículum con títulos a la hora de buscar trabajo «porque cuando la competencia es evidente, sobran las cualificaciones».
Dice André que no quiere convertirse en defensor de ninguna causa, consciente de que su experiencia vital no es completamente extrapolable a otros pero, sin duda, YO NUNCA FUI A LA ESCUELA se trata de una lectura muy interesante (y casi adictiva) para replantearse muchos temas en torno a la educación.
«El juego es la forma más elevada de la investigación« Albert Einstein
 
Ahondando en este tema, André Stern publica Jugar y Entusiasmo. De los recuerdos del niño que fue y que le han hecho convertirse en quién es hoy a las vivencias como padre que trata de valorar y promover el talento innato de cada niñ@.
Dice Aaron Antonovsky que una persona tiene que sentir que el mundo es comprensible, maleable y tiene sentido para ella. El juego da esa dimensión del mundo a los niños.
Igual que André reconoce que no ha habido distinción en su vida entre vacaciones y trabajo, los niños no distinguen entre jugar y aprender, de hecho, «el juego es el mejor dispositivo de aprendizaje».
Apoyado por breves textos de personalidades invitadas como ejecutivos que abogan por la creatividad en la gran empresa, artistas o el propio Arno Stern recordando los juguetes de infancia hechos por él mismo, el autor defiende una educación sin la intervención de los adultos, ni siquiera para corregirles, y que a los niños no se les agrupe por edad, como ocurre en el sistema escolar, sino con personas de otras generaciones con las que compartan intereses comunes.
En Entusiasmo nos habla del que es el estímulo emocional que sirve de motor para desarrollar nuestro cerebro, un fertilizante con el que todos venimos equipados.
 
El entusiasmo es contagioso, es por eso que nos gusta rodearnos de gente que es una apasionada de lo que hace y es por eso por lo que es tan importante que los adultos nos detengamos a reflexionar y no ahoguemos ese entusiasmo innato con nuestras expectativas.

Tres libros nos harán abrir bien los ojos, observar el juego libre de nuestros pequeños y darles más valor a sus intereses y capacidades innatas (no importa cuáles sean éstas). Recomendables para todos aquellos a los que nos gusta debatir e imaginar que una educación que nos haga mejores y más felices es posible.

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